Dentro del calendario nacional de feriados, sin duda el de carnaval es uno de los más esperados por los ecuatorianos; pues muchas familias aprovechan éstos días para viajar y disfrutar de momentos de esparcimiento, distracción y gastronomía, que se ofrecen dentro de una variada gama de opciones en todas las regiones del país.

 Pues, la riqueza cultural fundida con tradiciones y costumbres autóctonas y foráneas, dan una colorida celebración dentro de un espacio socio cultural que poco a poco ha ido tomado forma e importancia en el patrimonio intangible de nuestros pueblos y nacionalidades.

 Sin embargo, este disfrute que para muchos es alegría y felicidad, para otros trae consigo otras circunstancias y acontecimientos dentro de sus familias que no es ciertamente alegría, pues atraviesan momentos que pueden marcar o cambiado su vida por siempre. Producto de incidentes o accidentes propios de estas fechas, que a nadie le gustaría verse involucrado.

 A esta lista de acontecimientos de variada naturaleza que por el momento no es el ánimo de enumerarlos; y, que en buena y mala hora, según cifras que manejan las entidades competentes, son menores que el año anterior (2014), me voy a referir a otros temas y proyecciones que de alguna manera están vinculados plenamente con el festejo de los carnavales en el Ecuador. Aclaro que no estoy en contra de los festejos bien intencionados, coloridos y divertidos; lo que no comulgo, es el proceder de ciertas personas que abusan tras ésta práctica, en contra de otras.

 Uno de ellos es sin duda el irrespeto a las personas; un tema que si bien es cierto ha disminuido a través de los años, pero aún perdura, a pesar de ordenanzas que lo prohíben; por el ejemplo: el jugar con agua en las calles sea desde las casas o desde vehículos. No es concebible que a este pretexto se atente contra las personas ajenas y transeúntes que por las calles deambulan sean estas mujeres con niños, ancianos, indigentes, ciudadanos comunes o extranjeros; pues, ¿Qué imagen se exterioriza?, Quiénes pagan los platos rotos?.

 Existen varias ciudades en las que ya no se usa el agua para estos fines, “que bueno”, ese debe ser el ejemplo a seguir por otras ciudades, donde a pesar de sus atractivos culturales, el salvajismo o juego violento es parte del folclor. Me refiero al uso de agua, pinturas, aceite quemado, harina, entre otros, que se arroja sin misericordia ni consentimiento contra turistas o transeúntes.

 La paradoja en este punto es: ¿Cuantos hogares o personas no darían por tener el agua que aquí se desperdicia?, no se diga en otras partes del mundo; donde el líquido vital es una prioridad entre la vida o la muerte.

 Ahora mismo con el calentamiento global, donde el clima es más impredecible y extremo, donde cada vez hay menos oportunidades de subsistencia para la raza humana y otras especies; porque ya se consumió los recursos no renovables de las futuras generaciones de manera no sostenible.

 Por cierto, ahora se habla de huella hídrica, que es una métrica que mide el consumo en m3 de agua dulce que demanda las actividades de consumo humano o producción de bienes y servicios. En donde el Ecuador según está con una huella per cápita por encima de la media regional y mundial. Por lo tanto, hay tomar acciones ya, para reducir su impacto y cumplir con lo que dice la Constitución (Art. 12), “El agua es un derecho humano fundamental e irrenunciable”.

 Ya es hora de que la humanidad entera haga conciencia de sus actos con miras a una convivencia, ciudadana, hacia un buen vivir como plantea la cosmovisión andina. La propuesta es que juguemos carnaval con esa misma agua pero no contra las personas; sino, que la llevemos hacia los lugares donde verdaderamente lo necesitan, sean estos los campos y bosques secos; y, más que todo a las personas que no tienen acceso a ella para ver así rostros felices o un “paukar raymi” (Fiesta del florecimiento de la madre tierra) que nuestros pueblos tanto anhelan.

 Autor: Hugo Gómez

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