Para abrir caminos al buen vivir, dice Graziella Pogolotti en el diario cubano Juventud Rebelde, “hay que descartar el tan difundido concepto de consumo cultural. La cultura no se consume al modo de una copa de helado de chocolate. Se hace y se entreteje en una dinámica ininterrumpida. Es un proceso en que intervienen escritores, artistas, destinatarios de las distintas propuestas y colectividades portadoras de tradiciones, de una memoria enraizada más allá de los calendarios, de hábitos, habilidades y oficios de toda índole. Se manifiesta en la supervivencia de prácticas variadas y se enriquece con la información procedente del día que transcurre, con lo que sucede en el resto del mundo, con las melodías que se escuchan voluntaria o involuntariamente. En todos los casos, el sujeto individual o colectivo no puede resignarse a la condición de receptor pasivo. Tiene que tomar conciencia de sus potencialidades en tanto participante activo. No me refiero a un proyecto utópico. Las facultades de recrear la realidad están en nosotros. Las utilizamos apenas a un nivel primario”.

Plantea que “reivindicada por los pueblos originarios del sur de nuestro continente, la noción del buen vivir conserva su validez en cualquier contexto cultural. Implica entender la formación humana de manera integral y romper la compartimentación entre tiempo ocupado y tiempo libre, de tal modo que este último no resulte vía de escape y olvido, espacio para desconectar hundido en el peor de los casos en el círculo infernal del alcohol, sopor y resaca para volver a comenzar…”

Asegura que “nada hay más hermoso que la luz del alba y el crepúsculo, como también son hermosas las edades de la vida. Aprender a disfrutarlas equivale a acceder al buen vivir”.
Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2014-07-12/buen-vivir-o-consumo-cultural/

Publicado por: Jorge Sethson

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