Las Mujeres del Chorro

 Eran las seis de la mañana de un ocho de marzo y el pueblo de las mujeres del chorro  amaneció diferente.  La acequia había aumentado su caudal y el cristo de la cruz lucía más brillante que nunca.  Esta vez la tía michi no necesitó de las campanas de la iglesia, le bastaba con mirar al cielo para acertar  la  hora, asomándose al zaguán y  con sus alargados y delgados  brazos saludaba a todas las que cabalgando  bajaban en sus monturas desde el  chorro:

  • ¡buenos días  comadritas!   decía

Sin embargo   no era la voz de todos los domingos, una tonada especial que se confundía con el viento  acompañó al saludo. Más abajo  junto al árbol de guaba dejándose ver sus hermosos y brillantes bucles negros que caían por sus jóvenes  caderas asomó la isolina.  La tia michi que no se perdía ningún detalle le salió al paso y con una nueva sonrisa musical la recibió:

  • ¡Qué bueno verte tan temprano ishuquita! Elé aquí te tengo  pancito de almidón recién horneado y agua de pítimas y flores buena para los ri…

Sin que terminara la frase la tía michi,  aparecieron las apacas, esperanzas, clemencias  y  dolores,  con sus largas cabelleras  bien trenzadas,  en coro dijeron:

  • ¡Vengan, vengan, suban breve que la mamita tiucha con la jesuza ya están en el chorro, ya va a empezar la limpia, es día de limpia!
  • ¿ Acaso olvidaron que es ocho de marzo?

Las demás  mujeres del pueblo que con los gritos de las apacas  se enteraron de la noticia dejaron sus tareas a medio hacer y subieron en estampida hacia el chorro. En medio de petálos de rosas, con olor a ruda, canela, lavanda y cedrón, vestidas de blanco  las abuelas preparaban  la ceremonia,  este domingo no podía pasar desapercibido,   había que hacer  un ritual especial y  agradecer por la vida e invocar a todas las abuelas sabias y generosas que sigan bendiciendo, que  desde el cielo sigan cuidando la tierra, el aire, el viento y el agua.

Autora:  Ninfa Patiño Sánchez

Quito,  8 de marzo , 2015

Anuncios