En un capítulo de Los Simpsons, durante una visita al médico, el señor Burns recibe la noticia de que es el tipo más enfermo de EE UU. Sin embargo, todas sus enfermedades se encuentran en un perfecto equilibrio que hace que unas se anulen a otras y ninguna sea capaz de dañar al propietario de la central nuclear de Springfield. Burns, pese a las advertencias de su médico, acaba concluyendo que es indestructible.

Por increíble que parezca, la licencia humorística de la serie de dibujos animados tiene algo de realidad. Esta semana, en un artículo que se publica en la revista British Medical Journal, un grupo de investigadores explica que la gota, un tipo de artritis que se identifica por la inflamación del dedo gordo del pie, protege frente al alzhéimer. Los científicos, liderados desde el Hospital General de Massachusetts y el Centro Médico de la Universidad de Boston, plantean la posibilidad de que el ácido úrico, responsable de los cristales que se forman en las articulaciones y causan la enfermedad, tenga un efecto positivo sobre el cerebro. En total, descubrieron que, en las personas con gota, la probabilidad de sufrir la enfermedad neurodegenerativa era un 24% inferior al de la población general.

El caso del hallazgo sobre las capacidades neuroprotectoras del ácido úrico no es único en la medicina. Varias enfermedades están relacionadas con una reducción en el riesgo de sufrir otros males. Un ejemplo que se ha observado durante los últimos años es el de las enfermedades del sistema nervioso central y el cáncer. Algunos estudios han mostrado que en personas con alzhéimer, la probabilidad de tener un tumor es un 42% inferior. Sobre esta relación, un grupo de investigadores españoles descubrió que hay 74 genes reprimidos en personas con enfermedades neurológicas pero sobreexpresados en personas con tres tipos de tumor. En otros 19 genes se daba el caso contrario: presentaban una mayor actividad en enfermedades como el alzhéimer y una expresión reducida en afectados por cáncer.

Rafael Tabarés Seisdedos, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Valencia y uno de los autores de este último estudio, explica que la idea de que tener una enfermedad proteja frente a otras “es paradójica, porque lo normal es pensar que si uno tiene un problema médico grave tenga muchos otros y no una protección”. Sin embargo, como han comprobado muchos estudios, el fenómeno, bautizado como comorbilidad inversa, es real y, según afirma Tabarés, puede ser una fuente de conocimiento para combatir diversos males.

Paradojas que inspiran

Aunque muchos de los casos de enfermedades que protegen de otras están incluidos en los bandos aparentemente antagónicos del cáncer y las dolencias del sistema nervioso, hay otros casos. Uno especialmente llamativo es el que relaciona una enfermedad rara, la de Niemann Pick, y el ébola. Tabarés, que también es investigador principal en uno de los grupos del CIBERSAM (Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental), explica que “estos enfermos son inmunes al virus del ébola”. En la superficie de este microorganismo, como si fuese una especie de velcro molecular, existen unas proteínas que se pegan a las proteínas NPC1 y NPC2 de la superficie de las células. Es su forma de engancharse a ellas para secuestrarlas y comenzar la invasión. Sin embargo, quienes sufren la Niemann Pick tienen alterados los genes que producen estas proteínas y carecen de ellas. Por ese motivo, el ébola no les afecta. “La potencialidad terapéutica de estos modelos puede ser muy alta porque puede ayudar a encontrar procesos biológicos que te protejan de algunas enfermedades y se conviertan en la llave para crear algunos tratamientos”.

Estas paradojas, que como la enfermedad absoluta que convierten al señor Burns en indestructible desafían a nuestras expectativas, sonuna importante fuente de inspiración para los científicos. Lo inesperado puede ser el origen de nuevas soluciones. Es el caso de los supercentenarios, el pequeño grupo de humanos que superan los 110 años. La longevidad improbable de estas personas, que no tienen por qué haber llevado una vida especialmente saludable, sugiere que su secreto se encuentra en el ADN, aunque por ahora las claves de su misterio siguen ocultas. No obstante, se cree que cuentan con una combinación de genes protectores que les protegen frente a enfermedades del envejecimiento como las cardiovasculares o el cáncer. Por ese motivo, estudiar a los supercentenarios no solo ayudará a comprender los fundamentos de la longevidad extrema sino también sobre los tumores o las enfermedades neurodegenerativas.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/03/04/ciencia/1425498556_015380.html

Publicado por: Sebastián Larrea P.

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