Uno de los principales aportes discursivos que está haciendo el Ecuador en los debates internacionales sobre la construcción del Buen Vivir tiene relación con lo que estamos llamando como “el cambio de la matriz cognitiva” y cómo esto se relaciona, entre otras cosas, con la manera como concebimos nuestra relación con otras personas y con el entorno natural.

En el Foro Internacional “Emancipación e Igualdad”, realizado en Buenos Aires entre el 12 y el 14 de marzo, dentro de la mesa de debate sobre “Nuevas izquierdas y tradiciones populares en América Latina”, el Secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno del Ecuador, René Ramírez, se refirió al riesgo derivado de intentar crear un sistema alternativo al capitalismo, pero manteniendo el uso de sus mismos patrones culturales. Para ilustrar su afirmación se refirió a datos recogidos en el Ecuador sobre las percepciones de satisfacción de la ciudadanía en relación con su capacidad de consumo. Así, según René Ramírez, en 2006 el ingreso medio bruto mensual por cápita en el país era de 560 dólares, mientras que, al ser preguntados sobre cual sería el nivel de ingresos que les permitiría vivir bien, los ciudadanos respondían que, en término medio, tendrían suficiente con un ingreso mensual de 573 dólares. Así, la diferencia entre el ingreso objetivo y la expectativa de suficiencia era de apenas 13 dólares. Sin embargo, en 2012 lo que se observa es que, a pesar de que el ingreso medio se había incrementado hasta los 712 dólares, las personas afirmaban que lo necesario para poder vivir cómodamente era 1116 dólares, resultando una diferencia sustancial de 404 dólares. Qué ha pasado, entonces, en esos últimos años?

Hay muchos factores que pueden ayudar a explicar esta diferencia, pero uno de ellos se deriva del hecho que en el Ecuador, como fruto de las políticas de desarrollo económico y de reducción de la pobreza y la desigualdad, se ha producido un notable incremento en la capacidad de consumo de la mayoría de las familias y, seguramente, las mayores oportunidades de consumo han generado, paradójicamente, una mayor insatisfacción con lo que se obtiene. Según René Remírez, el motor del capitalismo es la insatisfacción “ad infinitum” y, para no caer en una espiral autodestructiva, la solución pasa necesariamente por modificar nuestros patrones de consumo. Se requiere, por lo tanto, un cambio de valores que se centre en el paradigma del “vivir bien” y no en el de “vivir mejor”. Por tanto, en sus propias palabras, “no solo es necesario cambiar la estructura productiva, sino que también tenemos que generar la conciencia de otro patrón de consumo, porque si no lo hacemos seremos víctimas de nuestro propio éxito”. Por consiguiente, continúa, “si no buscamos construir nuevos patrones cognitivos, lo que nos puede matar no va a venir por el lado del aparato productivo, sino por tener los mismos patrones de consumo que se tienen dentro del capitalismo”.

Aquí puede verse el conjunto de la intervención de René Ramírez en este Foro Internacional:

 

Publicado por: Jesús Sanz

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