Uno de los pilares ideológicos más importantes de la sociedad consumista es, como pusieron ya de manifiesto autores de la talla de Rostow o Katona, primeros teóricos de la sociedad de consumo, haber liberado a la Humanidad de las pesadas cadenas de la necesidad y hacerla avanzar hacia una nueva etapa de felicidad universal. Para el segundo autor, mundialmente conocido por su libro Las Etapas del crecimiento económico, la sociedad de consumo, su quinta etapa, constituye una plataforma indispensable para dar el salto a su sexta, a la que el autor llama Etapa Buddenbrook, en la que los ciudadanos podrían ya empezar a dedicarse, como la tercera generación de la novela de Thomas Mann, a la poesía, la música y las relaciones plenas entre personas. A la felicidad, en definitiva. Casi un siglo después de la aparición de la forma embrionaria de sociedad de consumo en la década de los años 20 en EEUU, parece que algo ha tenido que fallar en estos planteamientos.
El interés por el bienestar, la felicidad y en general las dimensiones positivas del ser humano han sido un asunto relativamente reciente para la psicología científica. Se considera que el inicio oficial de la psicología positiva se produjo en la conferencia inaugural de Martin Seligman para su periodo presidencial de la American Psychologocial Association en la década de los noventa.
Sin embargo, el rastro sobre esta preocupación probablemente se remonta a los inicios de la civilización de una forma u otra. Y en este serpenteante itinerario, han sido los filósofos los que han sugerido más reflexión en torno a la felicidad en un sentido amplio. Así, desde Aristóteles, Spinoza, Schopenhauer, Bertrand Russel, Heidegger o Cioran (Vázquez, 2006) se han ido sentando las preocupaciones que más tarde la psicología desde un enfoque empírico ha retomado. En este sentido, la psicología parece haber ampliado su abanico de objetos de interés, que sin desdeñar el sufrimiento y la patología ha sido empujada por las propias demandas de la ciudadanía hacia un entendimiento del bienestar humano que transcienda la mera enfermedad. En general se suele admitir que la mejora de las fortalezas del ser humano suele tener un efecto protector en la patología mental, y por tanto la psicología positiva subrayaría prioritariamente el aspecto competencial y preventivo frente al tratamiento o curación del malestar.
Resumen de Texto PDF.
Fuente: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4998801

Publicado por: Elena Escobar

Anuncios