PUNTO DE VISTA

Freddy Ehlers. Titular de la Secretaría del Buen Vivir

La población en el planeta superó los 7000 millones de habitantes, divididos en 2 grupos: pobres y consumistas.

Los pobres, a su vez, se clasifican entre quienes viven con menos de un dólar al día, que suman 1100 millones, y los 1600 millones que viven con 2 dólares diarios, según el Banco Mundial.

Los más de 4000 millones restantes son consumistas, es decir, personas que, luego de cubrir las necesidades fundamentales para su supervivencia, tienen un dinero adicional que les permite comprar bienes que no son necesarios. Dentro de este grupo de consumidores están los que tienen unos pocos dólares de sobra al día hasta ese 1 por ciento de la humanidad que posee más que el 99 por ciento restante. ¿A qué grupo pertenece usted?

¿Qué es la pobreza? Para José Mujica, “pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea y desea y desea más y más”. El consumismo es, por lo tanto, no solo un nuevo concepto de pobreza. El ilimitado consumo debido a nuestra inconsciencia nos está conduciendo a una situación catastrófica para toda la humanidad.

Una nueva palabra comienza a ser utilizada como sinónimo de suicidio: ecocidio. Si debido a nuestra manera consumista de vivir estamos destruyendo la naturaleza, nos convertimos en ecocidas, es decir, en suicidas. Si matamos al árbol, si contaminamos los ríos, si continuamos gastando energía y así fomentamos el calentamiento global, nos estamos autodestruyendo. Tenemos que entender, como ya se ha dicho, que la naturaleza no nos necesita. Nosotros somos quienes la necesitamos para poder sobrevivir.

La construcción de la sociedad del Buen Vivir es posible, y es ese el único camino hacia un mundo con una nueva civilización, tal como lo anuncia el destacado filósofo francés Edgar Morin. Para lograrlo es necesario transformar nuestros patrones de conducta consumista y adoptar prácticas de vida conscientes. Cambiar radicalmente nuestro modelo de vida es difícil, pero no existe otra alternativa. Consumir solo lo necesario, aprender a vivir austeramente, entender que la felicidad no se logra con la acumulación de bienes y disfrutar la vida entendiendo y respetando a la naturaleza, es el comienzo de una nueva humanidad. Algunas personas, sobre todo jóvenes, están ya comprometidas con esta evolución espiritual.

Un nuevo tiempo, en el que el sorprendente cambio tecnológico vaya acompañado con una nueva manera de vivir, es posible. Ni pobres ni consumistas sino verdaderos seres humanos practicando el Buen Vivir.

Por: Secretaría del Buen Vivir

 

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