Por César Noragueda el 20 de mayo de 2015

¿Necesitan los niños muchas posesiones materiales para ser felices? ¿Cómo les influye el materialismo? Respondamos a ambas preguntas.

Una de las grandes preocupaciones humanas ha sido siempre qué es lo que se necesita para contar con una vida plena desde la infancia; y lejos de las filosofías de baratillo y sus propuestas vacías que tanto abundan, nos sorprendería saber que la ciencia también puede arrojar algo de luz en esta cuestión, al menos en lo que se refiere a datos estadísticos.

La satisfacción vital de los niños al margen de sus posesiones materiales

La Fundación Jacobs es una institución que trabaja para “contribuir a mejorar el desarrollo de las generaciones actuales y futuras de los jóvenes para que puedan ser miembros socialmente responsables de la sociedad” y “lograr cambios sociales en el área de desarrollo infantil y juvenil”. Por ello, otorga cada año los premios de investigación Klaus J. Jacobs por aquello que contribuye al buen desarrollo de niños y adolescentes, y es de lo más lógico que haya realizado una encuesta en 15 países a unos 53.000 niños de entre 10 y 12 años para conocer su punto de vista acerca del bienestar en sus vidas, y los resultados, en verdad, no podrían ser más sorprendentes dado el bombardeo incesante que soportamos en esta sociedad del consumo, del consumismo y del culto a la imagen: los niños tienden a ser felices al margen del contexto de sus vidas.

El estudio ha sido dirigido por las británicas Gwyther Rees y Gill Main, de la Universidad de York, y en él ha colaborado un grupo académico internacional que garantiza un conocimiento sólido de los países analizados. Así que, si han hecho los deberes en cuanto a metodología y muestreo, podemos fiarnos cuando nos cuentan que no han observado ninguna correlación reveladora entre la satisfacción de los niños con sus vidas y los bienes materiales que no poseen, es decir, aunque no dispusieran de computadoras, acceso a internet, teléfono móvil, televisión, reproductor de música, coche familiar, su propia habitación e incluso libros o buena ropa, su bienestar en el mundo no depende de ello, aunque se trate de niños de países tan dispares como Noruega y Etiopía, los dos más alejados en la tasa de posesiones enumeradas. Rumanía está a la cabeza en niños satisfechos a pesar de sus carencias materiales. Y todo esto teniendo en cuenta también el lugar de nacimiento: destaca que 1 de cada 20 niños encuestados en España habían nacido en otro país, o sea, alrededor del 17% frente al 1% de Colombia o el 0% de Etiopía, por ejemplo.

Las satisfacciones concretas y la preocupación materialista

Pero el estudio abarca distintos aspectos de análisis, como la dinámica en que viven los niños, su vida como un todo, su hogar y su familia, sus amigos y otras relaciones sociales, la escuela, su área local, el tiempo de dedicación a distintas actividades y, además, ellos mismos. En general, los niños se muestran más satisfechos con sus familias y amistades que con su escuela y área local; Colombia manifiesta un patrón único en el hecho de que la salud, el cuerpo y “las cosas en las que uno quiere ser bueno” son lo que más destaca en el índice de satisfacción de los niños; la opinión de que los adultos respetan sus derechos varía entre el 33% en Corea del Sur y el 84% de Noruega; y se hallaron diferencias de género: en los países europeos y Corea del Sur, las niñas dicen estar mucho menos satisfechas con su apariencia y su cuerpo que los niños; y por lo común, respecto al uso del tiempo, se encontró a los varones más dedicados que las niñas a hacer deporte y utilizar computadoras, y que las niñas eran más aplicadas para leer por diversión y ayudar en tareas hogareñas: cosas de la educación social en roles.

Los resultados de este estudio, comparándolos con los de otros como los del Informe Mundial de Felicidad, revelan que, a partir de la adolescencia temprana, las personas empiezan a preocuparse por sus carencias materiales o propias y a estar más insatisfechas, lo cual va a aumentando hasta la edad adulta: llega el materialismo. Aunque el caso de Corea del Sur parece ser el opuesto: los niños, con pocas privaciones materiales, son más infelices que los adultos porque la gran competitividad académica del país les amarga la existencia; lo cual también supone un apoyo para la tesis del estudio de la Fundación Jacobs, pues la causa de la infelicidad sigue encontrándose fuera de lo material.

Decía Ernest Hemingway que quien “ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera”, porque no le preocupa salvo lo imprescindible. Quizá no sea ninguna tontería que, en ciertas cuestiones, debiéramos aprender un poco más de los niños.

Publicado por: Analía Beler

http://hipertextual.com/2015/05/ninos-materialismo

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