La Encíclica Alabado Seas es un documento excepcionalmente original por su contenido y contexto, por su crítica frontal al consumismo, y sobre todo el manejo político y empresarial global que está degradando la existencia en toda la tierra. Esta exhortación ha generado diversas opiniones – cuando menos – en el mundo occidental.

Algunos afirman que esta encíclica tiene sus antecedentes precisamente en otras previas de la Iglesia Católica, sin embargo esto no parece ser cierto. Haciendo una revisión de la última carta del italiano Ángelo Giuseppe Roncalli (Juan XIII) titulada Encíclica Paz en la Tierra (1963) su base radica en la exhortación a la paz entre todos los pueblos, basándose en la verdad, la justicia, el amor y la libertad; en épocas más recientes el polaco Karol Wotijla (Juan Pablo II) en su Encíclica Centésimo Año (1991) reconoció la marginación y explotación en el Tercer Mundo y habló de la persistencia del capitalismo primitivo, sin embargo se inclinó a favor del libre mercado como instrumento eficaz para la sociedad. Estas encíclicas ni ninguna otra mencionó el pecado original de la crisis planetaria: el consumismo y su efecto ambiental. Ninguna otra encíclica, excepto Alabado Seas,  formuló una crítica tan frontal, estructurada y sobre todo con una propuesta para la acción.

La Encíclica es una declaración de carácter político sin precedentes. No es casualidad que Bergoglio haya adoptado el nombre de Francisco. No es casualidad que haya elegido la frase de Francisco de Asís como el titulo de su Encíclica. Es impresionante la sistematización de investigaciones sociales, políticas y ambientales y sobre todo lo comprensible con que fueron plasmadas en la Encíclica.

La Encíclica Papal es – para la Iglesia Católica- una carta sobre aspectos de la doctrina católica o de la realidad considerada como relevantes. Lo relevante del documento es la prioridad asignada por el Papa al tema. Son ellos quienes definen cuándo y bajo qué circunstancias deben comunicarse las encíclicas. Es otras palabras, el argentino Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco) sabe muy bien en qué momento y contexto emitió esta Encíclica.  Francisco quizás conoció de antemano los resultados que publicó también a finales de junio de 2015, la Revista Science Advance que afirma que el mundo está comenzando a padecer la sexta  extinción masiva de su historia y que los humanos podrían desaparecer.

La Encíclica está compuesta por seis partes. El primer capítulo titulado “Lo que le está Pasando a Nuestra Casa” que representa un diagnóstico sobre la contaminación y cambio climático; la crisis del agua y la pérdida de biodiversidad, así como sus efectos en el deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social, y en particular la  debilidad de las reacciones políticas y económicas globales.

El segundo capítulo titulado “El Evangelio de la Creación” sustenta la lectura católica que habla sobre la importancia de la creación de la tierra y del universo. El tercer capítulo, titulado la “Raíz Humana de la Crisis Ecológica” destaca como elementos centrales el uso de la tecnología al servicio de determinados grupo de poder; la forma y rumbos de la actual Globalización y las consecuencias del antropocentrismo moderno.

El cuarto capítulo titulado “Una Ecología Integral” señala una ruta para enfrentar la crisis a través de una ecología ambiental, económica y social a partir de una revolución cultural. En esta parte llama el principio del Bien Común y la Justicia entre las generaciones. El quinto capítulo denominado “Algunas Líneas de Orientación y Acción”, señala la necesidad de establecer un diálogo urgente sobre el medio ambiente en la política internacional. Esta acción requiere de la formulación de nuevas políticas nacionales y locales y una política y economía para la plenitud humana. El último capítulo titulado “Educación y Espiritualidad Ecológica” exhorta a un cambio de estilo de vida. En este proceso es importante la educación y la conversión ecológica, en el marco de la espiritualidad.

Si bien la mayor parte de las citas se derivan de otras encíclicas papales y conferencias de Obispos, la selección sobre los temas sociales y ambientales fue muy prolija. Llama la atención las citas de la Declaración de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo (1992) y de la Organización de las Naciones para la Agricultura y la Alimentación (FAO). De hecho, fue la única organización del Sistema de Naciones Unidas directamente citada.

¿Qué efectos podría tener la encíclica? Decir que no tendrá efecto alguno es falso, sobre todo porque ya los tiene. Las críticas de la Encíclica van dirigidas a sectores políticos y económicos conservadores (no solamente capitalistas) que con su acción u omisión son actores del proceso de calentamiento global y del consumismo.

Con un lenguaje armonioso que combina ciencia y religión, no deja títeres sin cabeza: llama a las grandes empresas y gobiernos de los países ricos como principales actores de esta situación, pero también indica la responsabilidad de los países de gobiernos del sur. La única forma de hacerle frente a la inminente catástrofe es a través de “una valiente revolución cultural”. La ciencia y la tecnología no son neutrales (ni pueden serlo) en este escenario.

¿La Encíclica podría generar algunos efectos en la Iglesia Católica? Quizás sí, sobre todo por la existencia de grupos económicos de interés de la misma iglesia católica ligada a centros de poder económico y político. ¿Podría incluso afectar la imagen y condición física de Francisco? No se puede descartar esta hipótesis. En 1978, el Papa Juan Pablo I apareció muerto en su cama en vísperas de anunciados cambios y decisiones importantes, consideradas como arriesgadas entre las que se mencionó terminar con los negocios vaticanos, cortar la relación del Banco Vaticano con el Banco Ambrosiano y hacer frente a la mafia.

Un escenario de este tipo aplacaría o postergaría la discusión propuesta, pero no el inevitable futuro gris del planeta. Y es aquí la fuerza que guarda la Encíclica Alabado Seas. Su análisis prospectivo basado en análisis científicos, que mediante la exhortación propone un cambio de cultura ya vive.  Es por ello que la Encíclica guarda una perfecta armonía con la noción del Buen Vivir y en particular con los temas fundamentales propuestos por la SBV que son naturaleza, población y pobreza – consumismo. Este último término es mencionado cinco veces de forma directa en la Encíclica. De esta forma, abre las puertas y sustentos para realizar acciones a nivel nacional (Ecuador) e internacional, en particular de la formación de la Red Internacional del Buen Vivir, el Centro de Pensamiento y la Construcción de Métricas del Buen Vivir.

Un cambio cultural no ocurre por efecto de un decreto o por una Encíclica. Un cambio cultural solo irá ocurriendo en la medida que desde las bases y las personas inicien una transformación profunda en sus prácticas cotidianas. Pero tampoco no se puede olvidar o creer ingenuamente, que gran parte de la solución radica en la creación de acuerdos y acciones globales. Francisco lo reconoce al afirmar que “la misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres”. La Secretaria podría tener un protagonismo importante en impulsar esta reacción global.

Publicado por: Regis Mairena

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