La poesía en la Encíclica

La Encíclica es un texto analógico riquísimo en representaciones simbólicas, lingüísticas, estéticas, emocionales y poéticas. Es un canto analógico y dialéctico a la vida y a la muerte, al día y a la noche; a la alegría y a la tristeza; a la esperanza y a la desesperanza, al gozo y al sufrimiento.   Es un canto desesperado y tranquilo, es un sollozo potente y silencioso; es un llamado, es un grito a la conciencia; es un despertar en medio de la penumbra. Es una poesía de amor y de drama.

La Encíclica eres tú, soy yo, son ellos y ellas, somos los de aquí y los de allá, somos nosotros, todas, todos, los otros y las otras, los de cerca y los de lejos. Los amigos y los extraños. Los queridos y los olvidados, los encontrados y los perdidos. Los ocultos y los descubiertos, los visibles y los intangibles.

Somos “la casa común”

Como no cuidar nuestra casa si “nosotros mismos somos tierra”, dice a lo largo de la Encíclica, carta hilada y tejida amorosamente a lo largo de 191 páginas por el Papa Francisco. Nuestro cuerpo está formado por los cuatro grandes elementos de la naturaleza: agua, tierra, fuego y aire, sin una regla ni un orden establecido sino en una armónica y fantástica interdependencia.

Si unimos todos esos cuerpos armoniosamente confeccionados, los cuidamos, los preservamos tendremos una “casa común”, como una “hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre Bella que nos acoge entre sus brazos”.

Sin lugar a dudas el Papa Francisco es un ecologista humanista, un político, un científico pero más que eso es un revolucionario espiritual, que pretende alertar al planeta en peligro de destrucción, la necesidad de un cambio profundo, un cambio que debe iniciar por las personas, por uno mismo, por ello habla reiteradamente de la ecología humana y de la ecología integral.

El Papa Francisco en su Encíclica no podía ser más claro en definir, caracterizar, ejemplificar e lustrar los verdaderos sentidos del BUEN VIVIR, como el camino a la Felicidad, al afirmar: “Ninguna persona puede madurar en una feliz sobriedad si no está en paz consigo mismo. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común. Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea, cuya presencia «no debe ser fabricada sino descubierta, develada»”

Ciertamente el Buen Vivir, descúbrelo, está dentro de ti

Escrito por Ninfa Patiño Sánchez

Quito, 01 Julio, 2015

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