¿Qué nos hace felices? Esta es una de las preguntas que más desafíos y expectativas genera por estar relacionada con muchas áreas de la vida. De hecho, un gran número de estudios realizados en los últimos años sobre el comportamiento están orientados a investigar y explorar este tema.

Una de las dimensiones que aparece con un alto grado de incidencia en la felicidad humana tiene que ver con las relaciones familiares. Los buenos ratos, las tradiciones compartidas, el apoyo en los momentos difíciles, fijarse tareas comunes, tener compañía para enfrentar los desafíos, la ayuda al enfrentar los problemas son insumos emocionales que contribuyen a construir vínculos de calidad, y son percibidos como indicadores de bienestar y satisfacción.

Esto no sorprende, pues es en la familia donde las personas satisfacen, a través del afecto y el cuidado, las necesidades afectivas más profundas, como la identidad, el sentido de pertenencia, la aceptación y el reconocimiento. Esto a su vez, se relaciona directamente con el hecho de que los miembros de la familia se sientan amados, confiados y seguros de sí mismos.

Sin embargo, aunque la familia es un entorno muy estimado por la inmensa mayoría de las personas, con frecuencia ese alto valor que le dan no corresponde a la realidad, y la calidad de los encuentros y vínculos personales no siempre es la mejor.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué lo que elegimos hacer y lo que decimos que nos haría más felices en la familia generalmente no coincide? No es fácil arriesgar una respuesta, pero algunas acciones y comprensiones sobre la vida familiar nos ayudarían en este propósito.

1.Cada familia es única.

Aunque podemos tener algunos referentes de cómo deben funcionar las familias, cada grupo familiar tiene sus propios indicadores de éxito. No existe una formula única que asegure la duración, el bienestar, la satisfacción y, en últimas, la felicidad en la familia. Podríamos hablar de un estilo familiar, que se expresa en maneras propias de manifestar el afecto, manejar los conflictos, comunicarse, establecer normas y límites o divertirse. Por esta razón, más que compararla con patrones externos, es importante identificar y valorar las dinámicas familiares en cada contexto para potencializar aquellas que nos enriquecen y aportan y transformar las que afectan negativamente la vida de sus miembros.

2. Momentos alegres y momentos difíciles.

Uno de los grandes obstáculos para ser felices como integrantes de una familia tiene que ver con no entender que la armonía, la alegría y la posibilidad de disfrutar y sentir confort en la relación existen, tanto como el aburrimiento, la intranquilidad, la desilusión o la inestabilidad. “Sentirse mal” y “sentirse bien” hacen parte de la convivencia. Es normal que en la vida de cada familia se presenten situaciones inesperadas y a veces poco agradables en las que se ponen a prueba el amor, la paciencia, la tolerancia y la capacidad de autocontrol de cada uno de sus integrantes.

3. Amor y compromiso, una buena mezcla.

El amor, el compromiso y la motivación constituyen aspectos decisivos en el buen funcionamiento familiar. Son la fuerza emocional que se requiere para sacar adelante el proyecto de vida que es la familia, que aunque es cierto que puede ser más intensa en algunos periodos, es posible mantenerla viva en todas las fases de la historia familiar. Los vínculos afectivos fuertes y estables no se dan de manera espontánea. Incrementar el patrimonio emocional familiar es un aporte individual y colectivo que requiere trabajo y esfuerzo.

Una buena vida familiar se hace de prácticas cotidianas y positivas como promover encuentros amables en familia, mostrar interés por el otro, cuidarse y ayudarse mutuamente o disminuir el estrés. Lo que sumado aumenta la probabilidad de felicidad.

No todo es color rosa

Ver las dificultades en perspectiva

Las familias pasan por conflictos, inconvenientes y tensiones originados por peleas, problemas económicos, de salud y discusiones con los hijos, entre muchos otros motivos. Entender la dimensión real de las diferentes situaciones familiares y poder elegir la forma más efectiva, sencilla y menos costosa de entenderlo, aceptarlo y manejarlo es un desafío del día a día. En ocasiones, pequeños cambios de actitud de un miembro de la familia generan grandes modificaciones en el resto de sus integrantes.

Un buen indicador de felicidad está dado por la capacidad de cada familia de entender que las relaciones familiares pasan permanentemente por cambios positivos y negativos y que la adaptación creativa y flexible está en concebirlos como parte de las relaciones familiares, más que de una crisis.

La felicidad se construye

Toda familia tiene un nivel de bienestar

La felicidad no es una condición dada, sino una disposición que incluye alegría, pero también otras emociones como la ilusión, la esperanza, el regocijo, que a primera vista pueden pasar desapercibidas, y otras como el compromiso, la lucha, el reto e incluso, el dolor, que no son precisamente positivas. Concebida la vida en familia de esta manera, acciones como apreciar lo que se tiene, reconocer las cosas buenas de la familia, dejar de sufrir por lo que se carece, disfrutar del proceso que lleva a alcanzar las metas y no solo de los resultados, generan alegría de manera indirecta y amplia el margen de felicidad.

Fuente: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/gente/la-felicidad-en-la-familia/14921835

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