Aprovechando  las vacaciones de verano salimos con mi hermana y  unas amigas a recorrer la Ruta del Spondylus, antes conocida como Ruta del Sol: un trayecto que es una invitación a disfrutar de un bellísimo escenario natural en toda su dimensión, lo inconmensurable del Pacífico con sus cálidas aguas azuladas, aturquesadas  y kilómetros de arena  guiaron nuestra travesía.

Sentimientos encontrados, mezcla de dolor y esperanza nos provocó este recorrido de cuatro días por las zonas afectadas como consecuencia del terremoto del 16 de abril.  Era necesario vivirlo y constatar con nuestros propios ojos los efectos del reciente desastre que vivió Ecuador.  Aún se huele y percibe el cemento levantado, agrietado, desmoronado, todavía se escuchan  sollozos desgarradores  de madres  y padres buscando a sus seres queridos.  Como un eco salen debajo de la tierra gritos interminables de desesperación. Continúa latente en la memoria de quienes sufrieron directamente esta tragedia los recuerdos e imágenes imborrables  que  persistirán a lo largo de la historia y de sus vidas.

Durante nuestro recorrido pudimos conversar  y recoger algunos testimonios.  Uno de ellos es el de Martha Cano, quien se autodefine como “sembradora de inquietudes y sueños”.  Marthita,  como cariñosamente la llaman, es el motor de un colectivo que pese a la tragedia ha logrado levantarse y darle vuelta a la adversidad. Ella junto a algunas compañeras y compañeros pertenecen a la  Federación de Organizaciones Campesinas de la Zona Norte de Manabí, quienes desarrollan una serie de emprendimientos como la producción  de vinos, mermeladas,  pesto de albahaca y rúcula. Lo que más nos llamó la atención son  “las  muñecas de daralla”, que son figuras estilizadas y femeninas elaboradas delicadamente con el residuo del maíz con el que se alimenta al ganado.  Estas figuras son una verdadera obra de arte en la que las jóvenes  plasman y expresan  toda su creatividad y sensibilidad.

Marthita vive en San Vicente; generosamente nos acogió en su casa, su refugio y centro de trabajo. Es un lugar muy acogedor, pese a sus paredes y pisos agrietados como consecuencia del terremoto;  está  lleno  de flores, pajaritos, pinturas y dos perros que son sus fieles guardianes. Es  un museo de arte donde ella comparte con sus compañeras conocimientos, habilidades y energía.  Este inolvidable lugar junto a su propietaria son el testimonio de  lo que puede provocar la naturaleza y al mismo tiempo de la capacidad de resiliencia de los seres humanos.

“Aquella noche fue terrible, como que debajo de la tierra se movían enormes serpientes,  todo se vino abajo”,   describe Martha Cano sobre aquella experiencia.

Continuamos el recorrido y llegamos a Bahía de Caráquez, mal llamada por algunos pobladores   como la “ruta de la tragedia”,  casi todos sus enormes y modernos edificios están cuarteados y obviamente desolados,  yacen como  evidencia de un “holocausto” reciente.

Spondylus:  La ruta de la tragedia a la esperanza”  decidimos llamar a este relato,  porque a pesar de las consecuencias y resultados alarmantes arrojados por el terremoto del 16 de abril, que afectó en su gran mayoría a la provincia de Manabí, sus habitantes han decidido emerger,  limpiar los “escombros materiales y emocionales” para  reconstruirla. Sin embargo, tenemos que recordar que el terremoto afectó también a la provincia de Esmeraldas y esto nos hace pensar acerca de la solidaridad de todas y todos, estos lugares esperan nuestra visita, ayudemos a dinamizar su economía, así dejaremos  un granito de arena que sumado a lo que ya está realizando el  Gobierno Nacional contribuirá, sin lugar a dudas, a hacer más rápida, efectiva  y sólida la reconstrucción.

Escrito por:

Ninfa Patiño Sánchez

Quito, agosto 3, 2016

Anuncios