Cuando una persona se lleva comida a la boca, no siempre toma conciencia de lo que ingiere. A veces, simplemente come por comer. Los nutriólogos señalan que el problema no está en la comida, sino en la mente y en nuestra falta de conciencia. Por eso, cobra fuerza el concepto de comida consciente que, entre otros aspectos, plantea retomar la conciencia plena sobre los alimentos que consumimos. Propone volver a escuchar lo que el cuerpo dice acerca del hambre y de la ansiedad. Por otro lado, hay especialistas que aseguran que gran parte de los conflictos emocionales se expresan a través de la forma en que las personas se relacionan con la comida. “Nos sentimos empujados a comer sin hambre, cuando tenemos necesidad de calmar la ansiedad o llenar un vacío, frustración, miedo e incluso tristeza”, advierte un artículo publicado en el blog La Mente es Maravillosa. Por ese motivo, resulta crucial reconocer aquellos estados de ánimo que nos empujan a comer de forma compulsiva para poder reconocerlos y gestionarlos de una mejor manera. Cuando los seres humanos atraviesan por momentos difíciles, buscan, en muchos casos, un refugio en la comida. La alimentación consciente plantea dar pequeños bocados o sorbos y apreciar los sabores, la consistencia del alimento, la humedad y por supuesto la textura. Mientras hay personas que se toman su tiempo para saborear los alimentos, otras lo hacen tan deprisa que no se detienen a reconocer los sabores y a disfrutarlos. De alguna manera, la comida consciente puede integrarse a una práctica budista denominada Mindfulness que trata acerca de crear habilidades para estar presente en el momento. Es la práctica continua de tocar la vida profundamente en cada momento. En español, algunos lo conocen como atención plena y consciente en el presente, una filosofía de vida que también se aplica en la alimentación. Una de sus principales ventajas es que ayuda a evitar los excesos, lo que a su vez se traducirá en pérdida de peso. La gran mayoría de las personas hoy en día comen frenéticamente y son presas de la prisa y de la enfermedad llamada “falta de tiempo”. Lo que ocasiona literalmente tragar la comida sin ser verdaderamente conscientes de lo que se llevan a su boca. Este mal hábito genera un descontrol alimenticio, ya que es muy difícil percibir que ya está satisfecho si no se le dá al estómago la oportunidad de enviar al cerebro la información de que ya es suficiente comida. Además, si la persona come a prisa va a perdersee de un momento muy íntimo y placentero. La nutricionista ecuatoriana, Sara Rivera plantea un equilibrio entre la mente, el cuerpo y la parte espiritual. “Lo que nosotros llamamos nutrición consciente realmente se maneja de diferentes maneras, de alguna forma también tiene que ver con esa frase que repetimos “somos lo que comemos”. Rivera considera que es fundamental aprender a escoger los alimentos con conciencia, porque son estos los que permiten que los seres humanos tengan una mejor calidad de vida. “Es necesario incorporar a nuestra dieta, frutos secos, vegetales, grasas, leguminosas, fréjol, arveja, lenteja, garbanzo y lácteos. La alimentación consciente es una práctica que cada día suma más seguidores. Rivera insiste en que la alimentación consciente no es una dieta ni consiste en dejar de comer uno u otro alimento. Se trata de disfrutar la comida más intensamente, en especial, el placer que proporciona. Una persona puede comer una hamburguesa a conciencia, si quiere; de seguro la disfrutará mucho más. O, también, puede darse cuenta a la mitad de que el organismo ya ingirió suficiente y necesita un poco de ensalada. Los nutriólogos coinciden al señalar que el ritmo con el que vivimos es cada vez más rápido, de modo que ya no tenemos la misma capacidad de introspección. Por este motivo, alimentarse a conciencia es cada vez más importante. Según un artículo publicado en el diario La Nación, de Argentina, los seres humanos necesitamos preguntarnos si nuestro cuerpo necesita ciertos alimentos, por qué comemos uno u otro alimento o si solo lo hacemos porque estamos tristes y estresados. Para muchos, comer rápido significa comer más. La alimentación consciente apunta a poder reconocer por qué sentimos el deseo intenso de comer y qué factores refuerzan el hábito de llenarnos el estómago. Es justamente un efecto secundario. (ARB)

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