La baja de más de 50 por ciento en los precios del petróleo y la fortaleza del dólar, aunados al crecimiento de la burocracia estatal –en la que se gastó en 2013 el 44 por ciento del PIB, según cifras del Fondo Monetario Internacional– están llevando a Ecuador a seguir los pasos de Grecia, país que está practicamente en quiebra.

Pese a dos rondas de recortes presupuestarios, este año sigue habiendo un déficit de alrededor de 7,200 millones de dólares, o 7 por ciento del PIB, según Observatorio Fiscal, una organización local vigilante.

Aunque la acumulación de deuda pública sigue siendo baja, en 30 por ciento del PIB, está aumentando rápidamente. Ecuador carece no sólo de su propia divisa (usa el dólar desde 2000) sino también de un prestamista de último recurso.

La idílica relación del presidente Rafael Correa con su pueblo está en crisis. En junio pasado, en la más grande de muchas protestas, unas 350 mil personas tomaron las calles de la ciudad portuaria de Guayaquil para manifestarse contra los planes de aplicar punitivos impuestos adicionales a las herencias y a las ganancias por transacciones inmobiliarias.

Vacas flacas

Economistas independientes prevén que no habrá crecimiento o se registrará una contracción moderada este año y el siguiente.

El gobierno afirma estar diversificando la economía para ya no depender de la exportación de petróleo y plátanos.

“Toma tiempo”, admitió Nathalie Cely, ministra de Producción, quien destaca las inversiones en procesamiento de alimentos y en turismo, así como las plantas hidroeléctricas de construcción china, de próxima apertura, que reducirán las importaciones de combustibles. Pero el motor del crecimiento ha sido la inversión pública, en vez de la privada.

Si se atiborra de impuestos a las empresas se produce desconfianza, desaceleración económica y compañías que no invierten”, dijo el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, organizador de la protesta.

Las fuentes externas de financiamiento se están agotando. El gobierno ha emitido 1,500 millones de dólares en bonos extranjeros este año, pero a una elevada tasa de interés, de 10.5 por ciento. El gobierno ha introducido regulaciones que le permitirían emitir dinero electrónico y documentos del Banco Central.

Malos ejemplos

En ese camino está Grecia, advierte el exbanquero Abelardo Pachano, al imprimir una “casi” divisa se corre el riesgo de una gran demanda de fondos en los bancos por parte de ahorradores que teman que los depósitos no les sean regresados en dólares. El Banco Central tiene reservas de divisas de apenas 4,600 millones de dólares. Correa, al parecer reconociendo el peligro, ha sido cauteloso al implementar estas medidas.

Y la situación política no es mejor. Correa sigue siendo relativamente popular, y la oposición está dividida, pero ha perdido a la clase media y a las ciudades. Está tratando de cambiar la Constitución para permitir su reelección indefinida sin un referendo.

Hay un lado oscuro y putinesco del régimen. Ha dividido a los movimientos sociales izquierdistas que eran sus aliados originales. Ha intimidado a los medios para que se autocensuren. Muchos contratos públicos han sido concedidos sin licitación. Los oponentes afirman que la corrupción es desenfrenada. Quienes hacen denuncias específicas son perseguidos por un nuevo servicio de inteligencia y en tribunales dóciles y al menos dos testigos de corrupción han muerto de manera misteriosa.

¿Perseguidos?

Cléver Jiménez, congresista de un partido de izquierda, fue sentenciado a 18 meses en la cárcel por acusar a Correa de responsabilidad en cinco muertes durante un motín policial en 2010. Martha Roldós, una política de centro-izquierda que rompió con el presidente, fue privada de sus derechos políticos y dijo que su hija fue amenazada por pistoleros en dos ocasiones. Guillermo Lasso, un exbanquero conservador a quien Correa derrotó en la elección presidencial de 2013, dijo que su teléfono está intervenido.

Los oponentes del presidente dudan de que vaya a ceder el poder voluntariamente.

Parece que estamos viviendo en una democracia”, dijo Jiménez, “pero todas las instituciones del Estado están sometidas a una persona”.

Correa “sólo puede concebir ser presidente, no expresidente”, dijo Lasso.

Correa enfrenta una decisión. Pudiera persistir en su intento de aferrarse al poder permanentemente y correr el riesgo de ser destituido, como sus predecesores, o pudiera tragarse su orgullo, estabilizar la economía y renunciar a su intento de reelección.

Entonces terminaría en la historia como uno de los presidentes más exitosos de Ecuador.

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