Cuando se piensa en cómo evitar la depresión, el estrés, la falta de motivación, el malhumor o la ansiedad, se piensa, por lo general, en tomar clonazepam, en hacer alguna actividad para desagotar el cerebro o en apagar el noticiero. Rara vez se piensa, en cambio, en el poder que tiene lo que comemos en nuestro humor. Pero ahora, un movimiento gastronómico mundial llamado Mood Food recogió ese guante: propone incluir en el menú cotidiano los alimentos que activan neurotransmisores cerebrales ligados a la felicidad, el buen ánimo y el placer. De entrecasa se la llama así: comida para ser feliz.

El movimiento Mood Food nació en 2005 pero tomó impulso ahora, después de que el nutricionista español Miguel Ángel Almodóvar lanzara –junto a 16 prestigiosos chefs– el libro “La Cocina de la felicidad”. La clave, parece, no es hacer un esfuerzo sobrehumano ni volverse fan de lo verde sino saber elegir alimentos que promuevan especialmente, la producción de endorfinas y de serotonina.

¿Por qué? “Se ha demostrado científicamente que la serotonina y las endorfinas son las sustancias que generan sensaciones de felicidad y de bienestar. Además, son clave para tener una mayor concentración, sueño reparador y actúan como analgésicos naturales”, explica Marcela Leal, directora de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad Maimónides. “La serotonina, además, permite un equilibrio con otros neurotransmisores (como la dopamina y la noradrenalina) vinculados con el miedo, la angustia, la ansiedad y la irritabilidad”, agrega.

¿De qué alimentos hablamos? “Los alimentos que promueven la producción de serotonina son la leche, el yogurt, el queso, la banana, las pastas, la avena, los cereales, el pan y la Vitamina C”, enumera la médica especialista en nutrición, Mónica Katz.

Los hidratos, que suelen tener mala prensa, también son generadores de serotonina. Por eso Almodóvar recomienda para la cena un plato de pastas con aceite de oliva. Sin embargo, “las harinas refinadas (facturas, pan, pizzas) no son recomendadas en la ‘dieta de la felicidad’ –advierte la nutricionista Liliana Grimberg, médica del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna–. La razón es que pueden producir aumentos bruscos de serotonina y bajones inmediatos, lo que se traduce en el cuerpo como alteraciones del ánimo y nerviosismo. No pasa lo mismo si se consumen hidratos de carbono de absorción lenta, como cereales integrales o banana ricos en triptófano, el precursor de la serotonina”, detalla.

Liliana Racauchi vive en Córdoba y hace años observó lo que sostienen los médicos: que había alimentos que la “tiraban para arriba” y otros que la “tiraban para abajo”: “Para tener energía más activa como mucho arroz integral, quinua, mijo y vitamina B (porotos garbanzo, lentejas) para regular el sistema nervioso”, cuenta. “Desde que empecé a comer así me cambió el ánimo, soy más creativa, tengo mejor disposición frente a la vida y una energía genuina que no es producto de estimulantes”.

“El Omega 3 es otro de los grandes defensores de nuestro humor –sigue Katz–. Hay dos clases, los de la cadena larga, presentes en el pescado. Y los de cadena corta, presentes en frutos secos (como las nueces, pistachos) o semillas (como el chía). Estos ácidos grasos funcionan como antidepresivos, previenen enfermedades neurodegenerativas y se ha comprobado que hasta tienen beneficios en el déficit de atención de los chicos”, dice. ¿De qué pescados hablamos? La dieta de la felicidad habla entonces de pescado azul, como el salmón, el atún o la caballa, que son los que tienen mayor concentración de Omega 3.

El movimiento Mood Food – sigue Grimberg– también recomienda consumir minerales e hidratos de carbono de bajo índice glucémico. La razón es que están formados por nutrientes que aportan glucosa, uno de los principales combustibles para el cerebro. “En este grupo encontramos al pollo, pavo, quesos, pescados, huevos, tofu (queso de soja) semillas de sésamo, zapallo, almendras, maní, cereales integrales, legumbres, ají, espinaca, leche y soja”, enumera.

La lista es larga. “Hay alimentos, además, que promueven la producción de dopamina, encargada de la energía mental, el placer, la atención, la motivación y la determinación. Está en las bananas, las paltas, las carnes, la leche, las almendras, los huevos y los porotos de soja”, agrega Katz. También el chocolate activa el sistema de recompensa y libera dopamina y endorfinas, vinculadas al placer.

La dieta feliz incluye, por último, alimentos que actúan por la negativa: en vez de generar placer, frenan la depresión y el estrés. Por eso, debe ser rica en vitaminas del grupo B, tanto las que están en la carne magra de cerdo, el jamón o las avellanas como las que están en las verduras de hoja verde (espinacas, acelgas y berros) y las legumbres, las sardinas y el trigo integral. Además, debe tener zinc, que es un calmante natural de los nervios (está en las ostras, el hígado y el chocolate negro). “También alimentos ricos en magnesio como los plátanos, las nueces, las legumbres, el chocolate, las verduras y el germen de trigo, que son considerados antidepresivos naturales”, agrega Leal.

De eso se trata entonces: de saber armar, todos los días, nuestra propia cajita feliz.

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