En este diálogo sobre el paradigma de la modernidad y la necesidad de un cambio que haga sustentable la vida y al planeta, Ana María Llamazares, antropóloga, investigadora del Conicet, docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, propone el retorno a una visión holística y al cambio del paradigma de la modernidad.

—¿Cuáles fueron los motivos que la llevaron a escribir “Del reloj a la flor de loto. Crisis contemporánea y cambio de paradigma”?

—Es un tema en el que vengo trabajando con intensidad desde hace tiempo: este libro tiene casi 15 años de trabajo.

—¿Por qué ese título?

—Es una metáfora. Un intento de captar poéticamente dos términos contrastantes y que, al mismo tiempo, se atraen. Y si lo tuviera que decir de una manera directa me llevaría demasiadas palabras. En el título trato de sintetizar el recorrido que propongo en el libro, desde el paradigma de la modernidad, cuyo emblema es el reloj, máquina que marca un tiempo lineal, hasta estos nuevos paradigmas que se inspiran en otra gran metáfora que simboliza a los sistemas vivos, al ser viviente andando por la vida, representados por la flor del loto que, aunque oriental, está presente en el universo como representación de la totalidad.

—¿Acercarnos a estos pensamientos nos exige un esfuerzo para comprender la complejidad?

—Es uno de los rasgos que aborda el nuevo pensamiento; ya que la complejidad está instalada en los seres vivos, mientras que las máquinas simplificarían todo de acuerdo a su funcionamiento esperado y previsible. El paradigma de la modernidad toma la ontología del ser de Parménides (para quien sólo el ser es); por eso es un paradigma que se asienta en la estabilidad, la seguridad, la fijeza. La mirada desde un punto de vista único. La homogeneidad. Desarrolla la idea de que el universo está compuesto, básicamente, de sustancia y materia; algo sólido. Tangible. Fijo. Sus leyes son, no sólo universales sino leyes imperecederas, inmutables. El cambio de paradigma marca un corrimiento de la ontología del ser a la ontología del devenir. Es un pasaje de Parménides a Heráclito (para quien el río nunca es el mismo). Esto marca una serie de cambios en el modo de ver el universo, en la manera de pensar y en el actuar. Incorporar a la reflexión la dualidad, la dialéctica, el dinamismo, el proceso, la complejidad. El cambio, al que de alguna manera estamos asistiendo, es de lo estático a lo vivo.

—Es como darle importancia al lugar vacío; al sitio todavía no ocupado. Como que es necesario dar lugar al ser en su movimiento. Proceso en el que se van trasformando…

—Efectivamente. El cambio es también de lo lleno a lo vacío. Este nuevo paradigma no sólo se va alimentando de distintas fuentes filosóficas sino desde la física. Parte de la ruptura de las teorías físicas tradicionales, sobre todo a partir de la relatividad y la física cuántica que mostraron una imagen de la materia distinta. Ya no era algo construido de bloquecitos sólidos encastrados y organizados mecánicamente. Sino que era un gran vacío con pulsiones internas de probabilidades que se definen con la intervención del observador. Es una visión distinta. El vacío tiene una potencialidad creadora y ocupa un lugar que el paradigma tradicional niega. En el nuevo paradigma el vacío esta resignificado. Es el lugar de la potencialidad de la vida.

—¿Se podría decir que el vacío está lleno de vida?

—Sí. Está lleno de vida. Lo que está lleno de materia, en general, tiende hacia la muerte. Es lo que nos está pasando. El paradigma de la modernidad, “llenando” todo de materia, ha llevado, entre otras cosas, a esta sociedad de consumo que exige y venera lo exclusivamente material. Ha llevado a la gente a consumir, incluso, más allá de sus necesidades reales. Materia que acumulamos a lo largo de nuestras vidas. La materia que nos da seguridad: dinero, bienes materiales, etcétera.

—Montaigne, con su posición frente a la duda, proponía pensar y, sobre todo, dialogar. ¿Habrá llegado el momento en que se le dé su lugar a un observador que interpreta desde su propia visión; es decir, un observador sin certezas?

—Seguro. Y es un observador que tiene la capacidad de intervenir pero no para predeterminar el resultado. No desde la búsqueda del control.

—Su libro lleva en poco tiempo varias ediciones, ¿qué cree que ha logrado escribiéndolo?

—Creo haber logrado una buena síntesis de las nuevas perspectivas que desde lo general ayudan a comprender el momento que estamos viviendo. Estamos coexistiendo entre varios paradigmas, dentro de los cuales están estos dos grandes como sendos paraguas epistemológicos que son el de la modernidad y el nuevo paradigma. Entre ellos existen otros.

—¿Se agotó el paradigma de la modernidad? ¿Cómo observamos los síntomas de su agotamiento?

—No se ha agotado. El actual sistema económico político y social está inspirado en sus principios. Lo que sucede en el mundo: conflictos, guerras, atentados que desnudan odio y, sobre todo, la fragmentación, parecen ser los recursos básicos de las soluciones a los conflictos de la convivencia. Se esgrime el principio de la verdad única. El paradigma de la verdad está muy vigente, y no parece que esté en proceso de agotamiento ya que la crisis planetaria que estamos viviendo es una señal que nos marca que, de seguir funcionando guiados por este paradigma, la vida no será sustentable.

—Sin embargo, su visión está lejos de ser apocalíptica. ¿Está la humanidad a tiempo de revertir el posible colapso planetario?

—Sí. Creo que la esperanza en el cambio no se debe perder nunca. Algunos autores, como James Lovelock, biólogo inglés que sustentó su teoría “Gaia”, argumenta que el planeta Tierra, en su totalidad, funciona como un superorganismo que modifica su composición interna para asegurar su supervivencia. Teoría que hoy está aceptada en el mundo científico. Este autor, en su último libro, La venganza de Gaia, propone de todos modos que es inexorable cambiar el rumbo si se quiere ayudar al planeta a sobrevivir. Analiza los indicadores del cambio climático que el planeta necesita para ser sustentable sobre todo por la cantidad de dióxido de carbono que hay en el ambiente. Deberán mantenerse dentro de ciertos parámetros para que el equilibrio se mantenga y sobreviva el planeta. La humanidad ha alterado el equilibrio para la autorregulación del planeta, al afectar puntos críticos que lo ponen en jaque y esa fecha sin las medidas necesarias llevaría el planeta al colapso

—¿Cómo influye para que estos cambios sean posibles, la transformación personal?

—Creo que es la única vía. Es una revolución silenciosa. Muchos apuntan a modificar el afuera, cuando el verdadero cambio está en transformar adentro de cada uno de nosotros.

—¿Cómo se puede definir el paradigma holístico? ¿Es un nuevo paradigma?

—Lo que no es nuevo es la visión holística. Ha estado en la humanidad a lo largo de su historia.

—¿En qué consiste la visión holística?

—La visión del cosmos como una totalidad. El ser humano como parte integrante de esa totalidad. Poniendo el énfasis en las relaciones y no tanto en los elementos que la integran. Es la visión de lo energético que genera una trama dinámica, donde el todo es más que las partes y que éstas no son comprensibles si las separamos de las totalidades de las que forman parte. Esta visión, como lógica holística, sistémica, es antiquísima. Está en todas las tradiciones de sabiduría en los pueblos originarios. Todas las culturas tradicionales han tenido una visión holística. Lo novedoso es que surge desde el corazón de la ciencia.

—¿Juega algún rol el arte en los cambios de paradigmas?

—Los artistas siempre captan antes que los científicos. Su capacidad intuitiva y el lenguaje sensible, explican, con claridad, el advenimiento de nuevos tiempos. En el caso del paradigma de la modernidad, la perspectiva en la plástica hizo posible comprender las nociones de espacio y tiempo y una forma de “ver” la realidad que se apuntala en la separación entre objeto y sujeto. Luego la ciencia incorpora a su lenguaje científico estas intuiciones. A fines del siglo XIX y principios del XX también los artistas preanuncian los cambios paradigmáticos, los quiebres, el impresionismo que comienza a intentar la ruptura de la perspectiva como modelo de representación hegemónico. Además introduce la subjetividad. La posibilidad de que la percepción reemplace a esa forma única de percibir como real la realidad. La cuántico años después lo reafirma. Después las vanguardias profundizan los caminos hacia el cambio de los modelos de pensamientos. Son justamente movimientos rupturistas en el arte; el cubismo rompe la imagen, el futurismo hace su aporte desde el movimiento, la cinética.

Fuente: http://www.elciudadanoweb.com/un-mundo-en-crisis-exige-un-nuevo-modo-de-pensarlo/

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