En los próximos meses Toyota comenzará la comercialización generalizada de su primer modelo movido por pila de combustible: el Mirai.

Primero en Japón; a mediados de año en algunos países de Europa; y sin fecha determinada, en España. Su precio oscilará entre los 35.000 euros estimados en Japón y los 60.000 que se cree que costará en Alemania, que es algo menos que el precio real de producción. Todo depende de las ayudas que los distintos gobiernos quieran dar a este coche “cero emisiones”.

El dilema no está en la conveniencia o no de poner en el mercado coches con esta tecnología. Lo que los responsables políticos tienen que empezar a plantear es la manera en que los desplazamientos produzcan el menor impacto medioambiental posible.

Cada año se ponen en circulación casi 50 millones de nuevos vehículos para el transporte de personas.
Más del 95 por ciento se mueven con motores térmicos, de gasolina o diésel. En el transporte de mercancías, la influencia del ferrocarril es bastante mayor, pero aún sigue siendo mayoritaria la utilización de camiones.

Desde que en 1972 se llevó a cabo la primera conferencia sobre la influencia de las emisiones en el cambio climático (la Conferencia de Estocolmo) hasta la Cumbre sobre el Clima del pasado mes de septiembre (en Nueva York), no ha dejado de teorizarse sobre la necesidad de reducir las emisiones. Sin embargo, todas estas cumbres no han sido capaces de ofrecer una alternativa al consumo energético que producen los procesos industriales, agrícolas y ganaderos y los desplazamientos de mercancías y personas. La ciencia y la técnica no han sido capaces -hasta hoy día- de ofrecer alternativas válidas a esta reducción de los consumos de energía sin disminuir de manera drástica los niveles de confort y de consumo de los ciudadanos del siglo XXI.

¿A qué estamos dispuestos a renunciar los habitantes del primer mundo para reducir de manera significativa las emisiones contaminantes? ¿A incrementar los tiempos de desplazamiento al lugar de trabajo? ¿A renunciar a los desplazamientos por ocio? ¿A disminuir el confort de nuestras viviendas en invierno (pasar más frio) o en verano (padecer más calor?¿A reducir el consumo de determinados productos (como la carne de vacuno) de alto consumo energético?

Los recursos fósiles para la obtención de energía son finitos. Ya casi hemos agotado el carbón y el petróleo de fácil explotación es cada día más escaso. Su actual abaratamiento es puramente circunstancial y político y no duden de que no volverá a los precios anteriores, sino a precios aún más altos. Así ha venido sucediendo con todas las materias primas tras algunas bajadas históricas; recuerden: “bajan como una pluma y suben como un cohete”.

El vehículo eléctrico no es sino un elemento más en la amplia oferta de posibilidades para desplazar personas o mercancías. Pero de ninguna manera una alternativa a los casi 1.000 millones de vehículos particulares que se utilizan hoy en el mundo. Tendrán los coches eléctricos un hueco en este reparto de competencias; posiblemente un hueco cada día más amplio. Pero nunca podrán competir con la autonomía y versatilidad (¡y precio!) que hoy día ofrecen los coches con motores térmicos, con consumos y emisiones que son la cuarta parte de los de hace tan solo 20 años. Proliferará la tecnología híbrida, que no es más que una mejora en la eficiencia de las mecánicas tradicionales. Y sin duda, se incrementará la capacidad de almacenaje de las baterías electro-químicas. Pero seguiremos sin saber responder a las preguntas que nos hacíamos hace unas líneas: ¿a qué estamos dispuestos a renunciar?

Ahora llega la pila de combustible. Una tecnología con mucho futuro, ya que el vehículo solo expulsa por su tubo de escape vapor de agua. Utiliza el hidrógeno líquido como combustible. Hidrógeno que se obtiene del agua y es por tanto inagotable. Pero para obtenerlo y comprimirlo hace falta una ingente cantidad de energía y esta energía, producida en la planta de disociación, no solo se puede obtener por otra energía renovable, sino que habrá que seguir utilizando a corto plazo, combustibles fósiles contaminantes.

En el año 2011, la población de nuestro planeta alcanzó los 7.000 millones de habitantes. En este próximo año 2015 llegaremos a 7.500 millones, el doble de la población que había en 1973… y seguimos creciendo. Es absolutamente imposible que la totalidad de la población utilice el promedio de consumo energético que utilizamos en el primer mundo. Por lo tanto, o nosotros, los afortunados, comenzamos a utilizar menos recursos o esta película se termina. Y se terminará muy mal. Y “menos recursos” no es un poquito menos; no. Es MUCHO MENOS. Por eso, el debate sobre si un vehículo eléctrico es más eficiente que uno térmico no deja de ser de una frivolidad sonrojante sobre si son galgos o podencos. El debate real es: nos apretamos el cinturón o disfrutamos mientras dure.

http://www.huffingtonpost.es/jose-maria-cernuda/automoviles-de-hidrogeno-_b_6348978.html

Anuncios