La unidad de nuestra naturaleza fundamental es ser feliz, pero resulta imposible apreciarla en su totalidad utilizando exclusivamente la cualidad del pensamiento. Al intentar comprender la vida a través del intelecto, pasamos de largo nuestra unidad y no atinamos a reconocer la naturaleza autentica del “yo”. En cambio, cuando colocamos el cuerpo y la mente en la postura tradición de la meditación budista, expresamos la unidad innata de todas las cosas

El budismo zen y la práctica de la meditación conocida como zazen, son la base de una filosofía que puede mejorar todos los aspectos de nuestra vida.

Las claves espirituales del éxito radican en entender quienes somos, cual es nuestro rol dentro del Universo y cual debe ser nuestro comportamiento en la relación con el prójimo. El cuerpo y la mente unidos son los vehículos de nuestro entendimiento y son, al mismo tiempo, el medio por el cual comprendemos el modo de expresar dicha sabiduría.

El entendimiento completo se expresa en las actividades y no sólo en nuestras palabras o ideas. Esto constituye la base de la práctica Zen.

Teoría Budista de la felicidad

El buda subrayo que el sufrimiento humano tiene su origen en el deseo de las cosas materiales y emotivas, que son transitorias y que nunca nos satisfacen por completo.

Aunque creamos que esas cosas nos lograran felicidad, lo que realmente deseamos es algo que nos come por completo. Si no obtenemos cosas materiales y emocionales, nos frustramos y sufrimos. Si las obtenemos, caeremos en la trampa de la auto satisfacción. Aunque el ego quede satisfecho temporalmente, no goza de una satisfacción verdadera por que no puede aferrarse a esas cosas transitorias e irreales.

Con la práctica Zen eliminamos el esfuerzo por alcanzar algo en provecho propio. Trasladamos la atención a la amistad, que es algo que no se persigue ni se codicia. Normalmente seleccionaremos con esmero y elegirnos exclusivamente a los amigos íntimos una vez que hemos desarrollado una mínima relación con ellos. Pero la simpatía budista no es exclusiva, abarca a todos y cada uno de nosotros. Si somos amistosos con nosotros mismos, entonces no debemos limitar nuestra amistad hacia los demás.

Una parte consustancial del ser humano consiste en intentar la consecución de satisfacciones varias gracia al esfuerzo de la vida cotidiana. La vida espiritual no implica que debamos negar esas satisfacciones, sino que el énfasis debe ser puesto en el esfuerzo y no en sus resultados. Mientras que estos van y vienen, solo el esfuerzo permanece.

Si pensamos que hemos logrado algo, será importante no pensar mucho en ello. Lo mejor que podemos hacer es retomar la actitud de estar preparados para todo, incluso la decepción.

La felicidad zen

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