Voy a confesar algo, que pocos se atreven a confesar, el origen más antiguo de nuestra civilización andina es matriarcal, la civilización andina es principalmente creación de la mujer, no del hombre. Mis ancestros creían y yo también lo creo, que aunque somos “Yanantin” (paridad igualitaria) en realidad es la mujer superior al hombre en la mayoría de aspectos de la vida, la familia y la comunidad. La femeneidad es la personificación de nuestra máxima divinidad: La Madre Tierra (Pachamama)

La agricultura, las artes, la espiritualidad, las habilidades comunicativas, son creaciones del espíritu femenino. Los andinos tenían la fertilidad femenina por divina y era la mujer la personificación de esa divinidad, los hombres andinos rendían culto a la mujer porque solo a través de ella era posible la continuidad de la vida y por ende la supervivencia de la civilización humana. La Madre Tierra era el símbolo máximo de la feminidad.

Faltar el respeto a la “Gran Madre” por parte de los hijos era una falta gravísima en las sociedades originarias, costumbre que han heredado los latinoamericanos, pues los latinos tienen un apego y respeto a la madre (y mucho mayor hacia la abuela) en comparación de otras sociedades como la europea occidental.

Y aunque el Inka dirigía el gobierno, era la Qoya la mujer más poderosa del Estado de las Cuatro Regiones (Tawantinsuyu) porque las Panakas (Familias gobernantes) eran matrilineales (Panaka proviene del quechua: Panay = Hermana) y era la Qoya quien heredaba todos los bienes y los legaba a la Panaka de sus descendientes, los incas no heredaban nada del padre, sino de la madre. Waskar y Atawallpa se distinguían entre si no por el padre sino por la madre de la que provenían. Por ende incluso el Inka debía provenir de la Panaka de una ancestral Qoya poderosa, para tener la legitimidad de poder gobernar.

Pocos saben que detrás de la guerra civil inca entre Waskar y Atawallpa estuvo la guerra entre dos panakas que se disputaban el poder y a su vez eran dirigidas por Qoyas de mucho poder, y menos personas saben que Francisco Pizarro tuvo la suerte de ser “auspiciado” por otra Qoya poderosa: su esposa Ines de Huaylash quien dispuso en su apoyo miles de hombres y recursos , otra Qoya Leonor Yupanki financió la expedición de su esposo Juan Ortiz de Zarate para la conquista de Rio de la Plata y Paraguay, territorio del cual fue gobernador en nombre del Virreinato del Perú (meta que los Incas habían deseado hace mucho y que solo se logró durante el virreinato)

Menos aún que Leonor Yupanki era hermana de otra Qoya notable Isabel Chimpu Ocllo madre del Inca Garcilaso de la Vega, o de la Beatriz Clara Qoya gobernadora de Yucay, esposa de Martín de Loyola, gobernador de Chile, cuya hija Ana María de Loyola Coya fue la 1ra marquesa de Santiago de Oropeza o que la Qoya Juana Ortiz de Zárate y Yupanqui fue la heredera de un territorio que abarcaba toda la Argentina, Paraguay y Uruguay juntos.

Es impensable que los españoles provenientes de una cultura patriarcal hayan aceptado sin más estos títulos y territorios de Qoyas Incas si estas no hubiesen efectivamente disfrutado de un enorme poder. De hecho los españoles principalmente jesuitas laicos buscaron activamente el matrimonio con las ñustas incas (princesas) hijas de poderosas Qoyas de Panakas importantes del Cusco, porque era la única manera de tener acceso a territorios y recursos enormes, dado que estos provenían por línea materna, no paterna.

Sin embargo los cronistas (sacerdotes en su mayoría) minimizaron e invisibilizaron estos hechos atribuyéndolos a los Incas varones, porque en su mentalidad religiosa de la época era inadmisible considerar tanto poder a las mujeres incas, dado que las mujeres españolas de la época no disfrutaban de semejante nivel social.

Lo cierto es que incluso existieron otras regiones más matriarcales que los Incas mismos, como la zona norte del Perú donde Francisco Pizarro al llegar fue recibido por las “Capullanas” kurakas (gobernantes) todas mujeres, estos territorios absolutamente matriarcales abarcaron el sur de Ecuador y norte del Perú: Tumbes, Piura y Lambayeque, “Capu” proviene de “capuz” vestido y “Yana” de negro, llamadas así porque estas cacicas usaban largas túnicas negras, símbolos de su poder.

A su vez las máximas sacerdotisas eran evidentemente mujeres, como la llamada “Dama de Cao” máxima sacerdotisa de la civilización Muchik cuyos restos arqueológicos encontrados revelaron el extraordinario status social que alcanzó.

Ni hablar de las “Amazonas” nombre griego que los españoles dieron a unas temibles guerreras de las selvas sudamericanas que abatieron a los españoles en el río que ahora lleva su nombre en honor a este hecho histórico: El rio amazonas. Lo cierto es que este hecho se repitió no solo en la amazonia sino en el Caribe, Costa Rica, norte de Colombia, Guyana etc. Por todas partes los españoles encontraron reinos gobernados por mujeres a las que llamaron “amazonas” por su similitud con las amazonas de la mitología griega.

Lo cierto es que casos similares hubo en China, África y Asia y aún en la propia Europa paleolítica (Venus de Willendorf) ahora coinciden muchos arqueólogos que la agricultura fue una invención femenina. Posteriormente el ascenso del patriarcado eliminó estas sociedades en todas partes del mundo, esto sin embargo no significa que las mujeres hayan perdido las características que en el pasado le dieron la facultad de crear estas civilizaciones y sociedades.

El siglo XXI es inequívocamente el siglo del regreso de la mujer a su lugar histórico; la mujer ahora libre del yugo religioso-patriarcal abrahamánico originado en medio-oriente que la oprimió, encontrándose nuevamente en estado de libertad, vuelve a demostrar sus facultades naturales, su fuerza y su vitalidad. Aquellas mismas facultades que los andinos consideraban de carácter divino, provenientes de la “Pachamama” el principio femenino del cosmos. Apenas estamos volviendo a redescubrir lo que esto realmente significa. El poder regenerativo y creador de la mujer libre y empoderada va a cambiar la humanidad que conocemos.

Fuente: http://www.pachayachachiq.org/cultura/el-poder-de-las-mujeres-en-la-cultura-inca/

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