Las políticas públicas deben, por definición, conducir al bienestar y a la felicidad de la población

No es la primera vez que desde estas columnas abordamos el tema de la felicidad. Mencionamos no hace mucho que una empresa argentina de alpargatas, Los Páez, contaba dentro de su organigrama con una Gerencia de Felicidad y Cultura como medida innovadora dirigida al bienestar de los empleados.

La persona que hasta hace poco tiempo ejercía ese cargo, Daniel Cerezo, fue invitada por el presidente Mauricio Macri a participar de una reunión ampliada de su gabinete de ministros. Margarita Barrientos, fundadora del Comedor Los Piletones, y Héctor “Toty” Flores, de La Juanita, compartieron sus experiencias de trabajo comunitario junto a Cerezo y el equipo de gobierno.

Músico y psicólogo social, Cerezo se hizo conocido por una charla TEd (http://www.youtube.com/watch?v=rmEGBKXrxNs) que alcanzó amplia repercusión en las redes al proclamar que “la peor pobreza consiste en perder la capacidad de soñar”.

La erradicación de la pobreza es para él generar sueños y esperanzas a la gente, mucho más que darle sólo trabajo o alimentos. Miembro de fundaciones como Crear Vale la Pena, Responsabilizarte y Creer Hacer, sentencia con humildad y sabiduría: “Todos somos pobres por lo que nos falta y ricos por lo que podemos dar”.

La reacción no se hizo esperar y Twitter fue el espacio elegido por detractores para infames burlas y acusaciones que cuestionaron desde los efectos de las políticas seudoneoliberales supuestamente enarboladas por el Gobierno hasta la desdicha de los compatriotas que pueden estar sufriendo hambre y frío y que lejos están de transitar estadios de felicidad, una realidad por cierto preocupante. Pero aun así, descalificar desde la burla cualquier intento de abordar el tema de la felicidad desde la política, uno de los ámbitos desde el que concretamente más se puede hacer por el bienestar general, no parece una buena alternativa.

Nuestras sociedades aún no han evolucionado lo suficiente. En todo caso, alentamos que se comiencen a dar algunos pasos en la dirección por la que muchos países del mundo ya transitan. Las políticas públicas deben, por definición, conducir al bienestar y a la felicidad de la población.

Tanto el chiste barato como la desacreditación o la crítica infundada hablan de cierto grado de dificultad para comprender que el bienestar al que todos aspiramos no puede desconocer las ansias humanas de felicidad, de las que los filósofos se ocupan desde tiempos inmemoriales. Muy cierto es también que la temática per se convoca a muchos irresponsables. De allí que, dada la profundidad del concepto, destaquemos el valor y la importancia de convocar a los mejores, a quienes tienen experiencia concreta en el terreno y no a meros habladores.

No es un tema sencillo. Recientemente, al dirigirse a 120.000 jóvenes con un lenguaje techie, el propio papa Francisco advertía que la felicidad no se negocia y que tampoco puede bajarse en una aplicación.

Lo acertado es que el tema de la felicidad o el bienestar no quede fuera de agenda en tanto refleja el nivel de progreso social de una nación. Que el Reporte Mundial de Felicidad involucre actualmente mediciones en más de 150 países es un indicador de hacia dónde va el mundo.

No convirtamos livianamente en chapucerías una preocupación sana y valedera, y aplaudamos que los gobernantes encarnen y lleven a la acción seriamente aquellas políticas que promuevan el bien común y lo acerquen al mayor número posible de personas.

Fuente: La Nacion- http://www.lanacion.com.ar/1933486-la-felicidad-es-cosa-seria

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