Los incas tenían una idea de tiempo cíclico. Esto quiere decir que no lo imaginaban como algo lineal, con un comienzo (en el pasado) y un fin (en el futuro), sino como un proceso “espiral” cuyas fases se repetían en grandes ciclos recurrentes. Así, el pasado no estaba separado del futuro por el presente, sino que eran parte de un mismo ciclo que permitía la regeneración continua. Esta idea estaba vinculada al ciclo agrícola, cuyas etapas (preparación del terreno, siembra y cosecha) se repetían año a año y marcaban el ritmo de las actividades sociales.
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