El proceso de Transformación es un proceso que va en espiral. Es decir, un cambio precede al otro y así sucesivamente, en un continuo de aprendizaje que dura toda la vida.

Ahora que ya conoces las fases de transformación, tal vez pienses que solamente durante la Fase de Disolución encontraremos emociones negativas. Pero esto no es así, pues cada una de estas fases tiene sus riesgos.

Las emociones más comunes que encontramos en nuestro camino son el miedo, la culpa y la duda y ahora te voy a explicar cada una con más detalle:

El miedo

Normalmente, cuando estamos frente a una transformación nos enfrentamos a un mundo desconocido: sabemos que queremos un cambio, pero no sabemos lo que la vida tiene planeado para nosotras, pues ese plan divino trasciende los límites de nuestra condición actual.

Es como estar paradas al borde de un abismo, y necesitar dar un paso hacia delante… ¿podemos confiar en que todo saldrá bien?

El miedo nos impulsa hacia la inercia, a quedarnos dentro de los límites de lo conocido. Tal vez ya estemos en la Fase de Imaginación, pero tengamos miedo a que esa nueva realidad que imaginamos no sea posible. O que si dejamos nuestro trabajo actual, no tengamos dinero para pagar las cuentas.

TE PUEDE SERVIR: LA MEJOR FORMA DE ENFRENTAR TUS MIEDOS

El miedo quiere que creamos que, si nosotras no nos arriesgamos, entonces no corremos riesgo alguno. Sin embargo, a nivel de nuestra alma lo que ocurre es exactamente lo opuesto: si no nos arriesgamos, corremos el riesgo de no lograr la transformación que tanto necesitamos.

Quedarnos en una relación sin amor por miedo a estar solas, quedarnos en casa cuidando a la familia cuando queremos estudiar una nueva carrera no significa no correr riesgos, significa correr el riesgo de que nuestro sueño muera.

La culpa

Especialmente para nosotras mujeres, la culpa es un sentimiento muy conocido.

Ejemplo de sentimientos de culpa son estas frases: “¿Quién soy yo para querer más?” “Ahora que estoy haciendo ejercicio, tengo menos tiempo para mi familia y me siento mala esposa y mala madre” “¡Me está yendo tan bien en este nuevo proyecto! Mis amigas me van a envidiar y ya no querrán salir conmigo”.

Cuando buscamos una transformación personal estamos creando, directa o indirectamente, una transformación en el mundo que nos rodea.

Y aunque nosotras aceptemos ese desafío, tal vez nuestros seres queridos no estén muy felices con el cambio… y nos lo harán saber.

TIENES QUE LEER: LA CULPA Y SU AFÁN POR DESTRUIR TUS SUEÑOS

Tradicionalmente, el plan de nuestra sociedad para las mujeres ha sido cuidar de los demás, cuidar de la familia, ponernos siempre en último lugar, dejar nuestras ilusiones para más adelante… este plan funciona magníficamente si no eres tú quien se tiene que sacrificar.

Estos roles están definidos en el interés de los demás y la abnegación propia, y no necesariamente en el interés del plan divino para nuestra alma, es bueno saber esto para no poner a nuestra alma en segundo plano.

La duda

Este sentimiento está íntimamente relacionado al miedo, pero también está muy relacionado a nuestra vulnerabilidad.

Aunque tengamos una buena imagen personal y una buena relación con nosotras mismas, cuando llegan los períodos de cambio es natural dudar de nuestro valor o del valor de nuestras ideas y proyectos.

“¿Qué pasará cuando mis colegas lean el blog que estoy preparando? ¿Y si no les gusta y se burlan de mi a mis espaldas?” “¡Tal vez todo este esfuerzo no valga la pena, nunca voy a terminar este proyecto!” “He esperado tanto tiempo para abrir mi negocio, ¿y si nadie quiere comprar mis dulces?”

TAMBIÉN TE PUEDE GUSTAR: CÓMO HACER LA PAZ CON TUS MIEDOS

Cuando dudamos de nosotras mismas nos abrimos a la vulnerabilidad de nuestro ser, pues sabemos que estamos corriendo el riesgo de no ser aceptadas como realmente somos, o corremos el riesgo de fracasar.

Pero si seguimos el proceso de transformación y nos atrevemos a conocer mejor nuestra vulnerabilidad, entonces lo que al principio parece una debilidad se convierte en nuestra fortaleza: sabemos cuáles son nuestros límites, y aprendemos a respetarlos. Nos atrevemos a ser personas creativas, a pesar de la opinión ajena. Y es entonces que ocurre el crecimiento personal.

En resumen: el miedo, la culpa y la duda no son tus enemigos, sino que son siempre parte del proceso de cambio. ¡No existe transformación sin haber sentido esta emociones en algún momento de tu camino!

Cuando sientas estos sentimientos, recuerda que te están ayudando a crecer espiritualmente: reconoce su lugar en tu vida, siéntelos, da gracias por su presencia… y sigue adelante.

Fuente: https://mujerholistica.com/emociones-negativas-proceso-transformacion-personal/

Anuncios