El turismo, la agricultura y la alimentación son los ejes primarios de siete poblaciones de la Costa que intentan retomar sus actividades después del terremoto del 16 de abril del 2016.
A través de la campaña Reactiva Comunidades Sostenibles se busca impulsar con emprendimientos a estas localidades manabitas. La campaña forma parte del Programa de Pequeñas Donaciones, del Fondo para el Medioambiente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PPD/PNUD).
Ana maría Varea, coordinadora nacional del PPD, explica que para esta campaña se buscaron comunidades afectadas que tengan proyectos o productos con identidad territorial. Por medio de esta iniciativa, las comunidades podría apropiarse de los emprendimientos y retomar actividades que forman parte de su cultura.
En el proceso aparecieron ejemplos como Gilces, en la parroquia de Crucita. En Gilces, la población retomó la actividad ancestral de la cosecha de sal marina y el manejo de las pampas salineras. Esto ha motivado a la comunidad a proponer un producto innovador de su sal a base de hierbas secas. Bolívar Aragundi, presidente de la comuna, explica que la recuperación de las áreas de salinas es un trabajo complejo y lento. Primero, se realizan actividades con comuneros y, luego, se crean nuevos espacios para el turismo comunitario. “
Estamos en esta campaña de descontaminación de las fosas salineras, la meta es llegar a tener una sal gourmet y queremos que los salares se consideren un atractivo turístico”. El turismo también está en proyectos de recuperación como: la Ruta de los Caras de la Cordillera del Bálsamo, en Bahía de Caráquez; el humedal turístico sostenible de La Segua, en Chone; o la Ruta de Turismo Comunitario, en la isla Corazón, en San Vicente. Por ejemplo, los pobladores de la isla han decidido rescatar la gastronomía local y la vida silvestre.
La comunidad perdió manglares que dieron paso a las camaroneras. Hoy protegen los remanentes de manglar y rescatan especies nativas de este ecosistema como las conchas (prietas) y el cangrejo azul, los cuales han llevado a criaderos sostenibles para nutrir comedores locales. En agricultura, la Unión de Organizaciones Campesinas San Isidro busca retomar la economía local desde los sistemas integrales de producción agrícola sostenible. En cambio, la comunidad 25 de Julio, en Jipijapa, está trabajando en el área de alimentación ya que aquí se produce miel y esencia de palo santo.
Con ello, además de mantener una actividad económica, ayudan a la conservación del bosque seco. Para dar soporte a las comunidades se creó la plataforma http://www.greencrowds.org en donde se trabaja el financiamiento colaborativo local e internacional que reúne los aportes para distribuirlos a los emprendimientos.
Varea explica que, para completar el ciclo de trabajo, se lanzó el libro ‘Reactiva Comunidades Sostenibles’ que comparte estas experiencias y postales de Diseñadores con Corazón. El libro y un bolso se entregan con una donación de USD 10 o 20, destinada a las comunidades que forman parte del proyecto.

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