La franciscana ciudad de Quito, sus históricas y empedradas calles se vistieron de mitos, ritos y símbolos.  Los diablos salieron de la penumbra, de la oscuridad, del miedo y del pecado para regalarnos alegría y fiesta con sus  colores, formas y representaciones que solo a través del sincretismo religioso, la magia del arte, los saberes ancestrales y la tradición cultural pudieron  manifestarse en el Primer Encuentro Nacional de Diablos “Los Diablos se toman la Mariscal”.

Sin lugar a dudas  los Diablos se tomaron  la Mariscal, el centro histórico y sobre todo el corazón de propios y extraños, quienes  extasiados  por tal fantástico  espectáculo  no cesaron de fotografiarse e inmortalizarse en aquellas imágenes, que gracias a la iniciativa del Museo Etnográfico de la Casa de la Cultura se pudo disfrutar de dos endiablados días: 19 y 20 de Enero de 2017.

Diversos  colectivos se hicieron presentes para mostrarnos desde distintas aristas la  religiosidad popular, el sincretismo religioso  y una muestra de la riqueza y tradición cultural de los pueblos que se van transmitiendo de generación en generación.

Este inédito Encuentro estaba compuesto por la toma del Centro Histórico y La Mariscal; un festival con  la presencia de 2.500 personas en el Teatro Nacional y un  Conversatorio, en el que sus protagonistas pudieron conversar  y compartir en una Casa de la Cultura repleta de un público ávido por conocer el origen, características y detalles de cada una de las diabladas que simbólicamente  se habían tomado la ciudad de Quito

Se contó con la presencia de Tayta Yachak Alberto Taxo, sabio del pueblo Kichwa,  quien explicó el origen del   Aya Uma o Cabeza de Diablo en la cosmovisión andina,   como expresión de la dualidad, la complementaridad,  la  paridad y el equilibrio donde se dinamiza la vida.  Néstor Bonilla presentó la Diablada de Pillaro,  comentando el sentido insurgente y liberador de la diablada, resaltando algunas expresiones que salen a luz como la solidaridad, el espíritu comunitario y el poder local que conjugan con los saberes ancestrales, la memoria,  la tradición oral, el sentido del espacio y el tiempo que transmiten a través del rito.  Santiago Medrano presentó  la Danza de Mojigos de  Juján, explicó como  “el Diablo de Juján” se presenta  a caballo y es la única representación del pueblo montubio de la Costa, cuenta la leyenda del hacendado que hizo el pacto con el diablo.  Eduardo Yumisaca, presenta  el “Diablo de Ojalata de Riobamba”, personaje que aparece en los pases de Niño Jesús,  explicó que quien representa esta tradición lo tiene que hacer durante siete años consecutivos, luego uno de sus hijos continuará  la tradición.  Tomás Cuichan de los Diablos de Alangasí,  explicó que es una  representación del sincretismo religioso sobre  la Semana Santa, el Viernes Santo salen los diablos a  personificar  los pecados capitales, el Domingo de Gloria son quemados porque simbólicamente “el bien se impone ante el mal”.   Este rito lo vienen replicando aproximadamente 160 años.  Pablo Rodríguez cerró el conversatorio con una  semblanza de la presencia del diablo en la tradición urbana.  Explicó como  el diablo, siendo un diablo quiteño  está presente en las leyendas, en los cuentos y en la identidad cultural de los quiteños, refiriéndose a la leyenda del Diablo de Cantuña.

De esta manera no se cierra una actividad, sino se abre la posibilidad de continuar contando con este tipo de representaciones simbólicas que nos enseñan, recuerdan y nos alimentan de un exquisito bocado para mantener siempre viva la tradición cultural e intangible de nuestros pueblos. Que sigamos gozando y disfrutando  de más diablos, diabluras y diabladas.

 

Por : Ninfa Patiño Sánchez

 

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