Leire Ventas BBC Mundo

“Los fiscales y los jueces me han discriminado por el mero hecho de ser hombre y las consecuencias las ha sufrido mi hijo desde que era un bebé”.

Así de tajante le habla el español Carlos Pérez -nombre ficticio, ya que solicita no revelar su identidad- a BBC Mundo.

Y entre los efectos enumera constantes cambios de domicilio y de colegio del niño, meses sin poder verlo, hasta una breve estancia en un centro de menores.

El calvario, dice, comenzó al separarse de su pareja, cuando su hijo tenía apenas cuatro meses.

“Al final tuve que poner una denuncia porque no podía verlo”, recuerda.

Y su caso, el de un padre que acude a los tribunales para poder compartir más tiempo con su hijo, ilustra lo que varios expertos denominan “misandria”, u odio a los hombres, un concepto que genera polémica.

“El machismo impera”

El cordobés también menciona momentos más felices, en los que ambos progenitores se decidieron por la custodia compartida*, aunque de forma extrajudicial, por mutuo acuerdo y gracias a mediación profesional.

Pero las dos veces en las que ese acuerdo se rompió, Pérez tuvo que limitarse a lo que le permitía la sentencia dictada en marzo de 2004.

Ésta determinaba que, además de las pernoctas de cuatro días al mes, su hijo podía verlo los martes y los jueves de 5:00pm a 7:00pm.

Era una sentencia estándar, la que atribuye a la mujer la custodia, el domicilio conyugal y una pensión de alimentos.

“No comprendo que los jueces invoquen siempre el interés del menor y que los niños han de tener estabilidad emocional y después dicten sentencias como la mía”, se queja Pérez.

“De hecho, en mi caso al juez no le importó que, con apenas un año, mi hijo tuviera que levantarse todos los días a las 5:30 de la mañana y recorrer los 100 kilómetros hasta la guardería, estando su padre a 200 metros”, relata.

“Ni que, cuando su madre se casó con un danés y se mudaron a Dinamarca, tuviera que viajar cada 15 días a España para cumplir con lo que dictaba la sentencia”.

Aunque cuenta como más graves las veces en las que llegó la policía a buscar a su hijo a casa de sus abuelos porque se había escapado o que éste tuviera que pasar una noche en un centro de menores porque no pudieron localizar a la madre y a él no le permitieron verlo.

“Entiendo que los jueces a veces no tienen claro quién dice la verdad, porque cada quien cuenta su versión”, reconoce.

Y es que, decenas de mujeres acuden cada día a los juzgados para que los hombres respondan por sus obligaciones.

Pero igualmente, no son pocos los casos en los que, como Pérez, es el padre tiene que acudir al sistema judicial para poder compartir tiempo con sus hijos.

“Es el machismo el que impera. Y así hay miles de menores pagando las consecuencias de un sistema que trata a la figura paterna como a un ser despreciable en sus vidas”, dice Pérez.

 

http://www.bbc.com/mundo/noticias-38637228

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