El Buen Vivir (BV) se define como vida plena e implica la armonía interna de las personas, con la comunidad y con la naturaleza. Desde la perspectiva de Karl Polanyi, se caracteriza la economía para el BV como sustantiva, social y ecológica. Se analiza las preguntas ¿qué producir? y ¿para quién producir?, y los principios de suficiencia, reciprocidad y solidaridad de una economía arraigada a la sociedad humana y la naturaleza.

¿Qué es el Buen Vivir/Sumak Kawsay?

La Constitución del Ecuador del año 2008 incorporó la noción del Buen Vivir (BV) o Sumak Kawsay (SK), la cual está inspirada en la cosmovisión de los pueblos indígenas. La propuesta del BV en Ecuador surge en un contexto mundial de gran preocupación por la sostenibilidad del planeta, amenazada fundamentalmente por el calentamiento global. El desarrollo económico está rebasando los límites ecológicos de la naturaleza, lo cual puede restringir el BV de las generaciones presentes y futuras.

A partir de la Constitución se entiende el BV como el goce efectivo de los derechos de las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades, y el ejercicio de sus responsabilidades, en un marco de democracia participativa, convivencia armónica ciudadana y convivencia armónica con la naturaleza, en el que prevalece el bien común y el interés general. La convivencia armónica ciudadana comprende la interculturalidad, el respeto a las diversidades y el respeto a la dignidad de las personas y las colectividades. La vida armónica con la naturaleza implica la garantía de sus derechos. Por un lado, el derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Y, por otro lado, el derecho a la restauración en caso de haber sido afectada. Así, el BV tiene que ver con los derechos de las personas, los derechos colectivos y los derechos de la naturaleza.

Adicionalmente, a partir de las varias corrientes de pensamiento sobre el BV en el Ecuador, se lo puede definir como vida plena y comprende la armonía interna de las personas, armonía social con la comunidad y entre comunidades, y armonía con la naturaleza. Es decir, para vivir bien se requiere que el ser humano esté en equilibrio consigo mismo, con otros seres humanos y con la naturaleza.

Economía para el Buen Vivir: ¿Qué producir? ¿Para quién producir?

Carlos Viteri escribió en 1993 el primer texto en Ecuador que hace referencia al BV. Allí señala que no puede haber vida armónica sin una tierra prodigiosa y sin mal. Se refiere a que el individuo vive en sociedad, la cual se basa en los principios de igualdad, solidaridad y reciprocidad, y vive en comunión o equilibrio con la naturaleza que, a su vez, tiene una dimensión material que debe ser renovada, recreada y protegida, y una dimensión espiritual que es parte de la vida. Viteri se refiere también a las vidas, humanas y no humanas, que se renuevan y recrean en los territorios.

El pensamiento indigenista sobre el BV se puede relacionar con el pensamiento de Karl Polanyi. Block señala que durante siglos las sociedades reconocieron la dimensión sagrada de la naturaleza y la vida humana y que es imposible reconciliarla cuando se subordina el trabajo y la naturaleza al mercado. Karl Polanyi sostiene la tesis de que el mercado autorregulado es una utopía total y que «no podría existir durante largo tiempo sin aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad; habría destruido físicamente al hombre y transformado su ambiente en un desierto».

La noción del BV parece corresponder a la de una sociedad antigua o tradicional en la que la economía está integrada a la sociedad y la naturaleza, y en la que la tierra y el hombre son inseparables. Asimismo, en ella está implícita una noción de economía sustantiva: intercambio con la naturaleza y lo social para lograr los medios que permitan el sustento o satisfacción de las necesidades materiales. Esto contrasta con las sociedades actuales de mercado en las que la sociedad tiende a estar subordinada al mercado y en las que el significado dominante de la economía es el formal: la elección entre usos alternativos de medios escasos.

Por lo tanto, una economía para el BV debe definirse en términos sustantivos, es decir, de tal forma que la economía no esté aislada de la sociedad y de la naturaleza y se priorice el sustento antes que la escasez. Es necesariamente una economía integrada o arraigada a la sociedad y la naturaleza, una economía social y ecológica. En esa dirección, sobre la base de las definiciones de economía que realizan Coraggio , Chang , Figueroa y Martínez y Roca , se puede modificar la definición de Coraggio de la siguiente manera: la economía es el subsistema de procesos de producción, distribución, circulación y consumo −parte de un sistema físico más amplio, abierto a los flujos de energía, materiales y residuos, llamado biósfera−, que a través de principios, normas, valores, instituciones, motivaciones y prácticas, en cada momento histórico organizan las comunidades y sociedades para obtener los satisfactores o las bases materiales de resolución de las necesidades y deseos legítimos de todos sus miembros, actuales y de futuras generaciones, de modo de permitir la reproducción ampliada y desarrollo de la vida, sosteniendo los equilibrios materiales, psíquicos y espirituales de las personas, los equilibrios interpersonales y entre comunidades y el equilibrio con la naturaleza, es decir, el BV. En esta definición, la economía es un medio para el logro del BV o vida plena o armónica, que es lo sustantivo o fundamental.

Por otra parte, Polanyi define empíricamente las mercancías como «objetos producidos para su venta en el mercado» y, por tanto, sujetos al «mecanismo de la oferta y la demanda que interactúa con el precio». En consecuencia, el trabajo, la naturaleza y el dinero no son mercancías debido a que no han sido producidos para su venta, pero al tratarlas ‘como si” lo fueran se incurre en una ficción, de allí que se las puede denominar como mercancías ficticias para distinguirlas de las mercancías reales o genuinas. El trabajo es una actividad humana propia de la vida, la naturaleza no ha sido producida por los seres humanos y el dinero, que otorga poder de compra, tampoco se produce sino que surge a través de la banca privada o pública.

El desarrollo de una economía para el BV consiste en la construcción social y democrática de formas de integración de la economía humana en instituciones económicas y extraeconómicas que le vuelvan socialmente sostenible y ecológicamente sustentable. Es decir, es parte de un contramovimiento que protege a la sociedad humana y la naturaleza frente a los daños sociales y ecológicos que provoca la tendencia autodestructiva de la utopía neoliberal que promueve el libre mercado y una economía de mercado autorregulada desarraigada o autónoma de la sociedad que tiende a mercantilizar la naturaleza, el trabajo y del dinero. Por lo tanto, requiere la formulación de políticas que arraiguen la economía a la sociedad y la naturaleza y que desmercantilicen el trabajo, la naturaleza y el dinero. La desmercantilización puede concebirse como el conjunto de las políticas e instituciones que fijan límites al tratamiento como mercancías de estos elementos de la economía.

En las sociedades de mercado, la sociedad y la naturaleza tienden a estar subordinadas a las economías de mercado mientras que en las sociedades con mercado la economía y los mercados están arraigados o integrados a la sociedad. Según Polanyi, cuando se incluyen los seres humanos y la naturaleza en el mecanismo del mercado, «se subordina la sustancia de la sociedad misma a las leyes del mercado».  Aquí se observa nuevamente que para Polanyi lo sustantivo está conformado por los seres humanos y la naturaleza, de allí que la economía sustantiva debe estar centrada en ellos.

En la economía para el BV preocupa además de la supervivencia de la especie humana, la vida de las otras especies no humanas y los ecosistemas. Por lo tanto, la economía para el BV debe concebirse como un subsistema abierto a la entrada de flujos físicos de insumos no económicos obtenidos de la naturaleza o medio ambiente como, por ejemplo, flujos de energía y materiales, así como a la expulsión de flujos físicos de residuos hacia la naturaleza como, por ejemplo, flujos de energía degradada o calor disipado y de desechos materiales. En consecuencia, los procesos económicos de producción, distribución, circulación y consumo están sujetos a los límites biofísicos del planeta, lo que implica que el crecimiento económico no puede ser ilimitado y debe subordinarse al mantenimiento del equilibrio o armonía con la naturaleza. Así, la economía para el BV sería una economía ecológicamente sustentable.

Buen Vivir y los límites sociales y ecológicos a la riqueza

El BV a través del principio de suficiencia limita la creación de riqueza: obtener de la naturaleza sólo lo necesario para la subsistencia. Esto impone el vivir una vida con simplicidad, sin un exceso de acumulación material que ponga en riesgo los derechos de la naturaleza. De hecho, la abundancia que se ha logrado actualmente en el mundo sería suficiente para satisfacer las necesidades básicas de toda la población mundial.

En el BV las justificaciones para limitar la riqueza son la existencia de desigualdades económicas que rompen la armonía social y la acumulación de riqueza que afecta la armonía con la naturaleza. El compartir los excedentes aparece como un deber moral de los ricos. Las grandes desigualdades del ingreso y la riqueza afectan la armonía social en la comunidad. En tal sentido, se asemeja al principio de comunidad expuesto por el filósofo Cohen: «el requerimiento central de la comunidad es que a las personas les importe y, cuando sea necesario y posible, se preocupen por la suerte de los demás. Y también que les importe preocuparse los unos de los otros». Para Cohen, el principio de comunidad limita las desigualdades, incluso las no injustas, cuando estas son muy grandes y afectan la vida en comunidad.

Para el BV, en su visión integral u holística, no se puede separar la naturaleza de la comunidad o de las personas. El ser humano es un individuo que es parte de la comunidad y de la naturaleza.  En consecuencia, la armonía con la naturaleza, en conjunto con los principios de suficiencia, reciprocidad y solidaridad implica que tener o no tener mucho y que dañar o no dañar el ecosistema mucho no son problemas separados. Polanyi lo explica cuando señala que uno de los problemas de la lógica utópica de los mercados autorregulados es aislar la naturaleza de las instituciones humanas y que tradicionalmente «la tierra y la mano de obra no están separadas; el trabajo forma parte de la vida, la tierra sigue siendo parte de la naturaleza, la vida y la naturaleza forman un todo articulado».  Asimismo, en la noción del BV, el principio de relacionalidad −todo está interrelacionado con todo− significa que si se afecta negativamente a la naturaleza, se está también afectando a los seres humanos que la integran.

Buen Vivir, necesidades y deseos

El principio de suficiencia del BV hace una referencia implícita a la diferenciación entre la satisfacción de necesidades y deseos legítimos y la insaciabilidad económica de los deseos ilegítimos. Coraggio afirma que sería una utopía imponer a la economía la satisfacción de todos los deseos y que esta debe orientarse a satisfacer las necesidades y deseos legítimos, los cuales para ser tales deben ser legitimados socialmente mediante procesos democráticos de deliberación, acuerdos y decisión.

Skidelsky y Skidelsky diferencian entre las necesidades, que son finitas, y los deseos, que son infinitos, para cuestionar el crecimiento económico ilimitado que está orientado a satisfacer los crecientes deseos. Los autores definen el concepto de insaciabilidad económica como el deseo humano permanente de tener más y más dinero, que se origina cuando comparamos nuestra riqueza con la de los otros y pensamos que lo que tenemos es insuficiente. Afirman que el capitalismo ha exacerbado características propias de la naturaleza humana como la codicia y la envidia. Abogan por el principio de cordura que consiste en vincular la escasez a las necesidades, y no a los deseos, lo que implicaría que el problema no es de escasez sino de abundancia. Sin embargo, la economía de mercado competitiva y monetaria nos induce a querer siempre más, a pensar que más es mejor, aun cuando estamos en capacidad de ajustar los deseos a las necesidades.  Por su parte, la encíclica Laudato si del Papa Francisco convoca a seguir el principio de menos es más y un retorno a la simplicidad.

A manera de conclusión: cambio estructural para el Buen Vivir

A partir de la definición de economía para el Buen Vivir es posible plantear una definición de cambio estructural o cambio de la matriz económica como la transformación de los principios, normas, valores, instituciones, motivaciones y prácticas y de los procesos de producción, circulación, distribución y consumo de los satisfactores de las necesidades y deseos legítimos de las generaciones presentes y futuras de tal forma que la economía humana esté arraigada o integrada en la sociedad y en la naturaleza, y se garantice el BV. El arraigo de la economía a la sociedad comprende su sujeción a los límites sociales tal que se procure una vida en armonía con la comunidad y entre comunidades y el arraigo a la naturaleza y su sujeción a los límites biofísicos tal que se logre una vida en armonía con ésta.

Así, el cambio estructural es la transformación de una sociedad de mercado a una sociedad con mercado y de una sociedad que domina y daña la naturaleza a una sociedad que la cuida y protege respetando sus derechos. En términos de Polanyi, esta transformación implica la desmercantilización o destrucción de la ficción de las mercancías ficticias −trabajo, tierra (naturaleza) y dinero−, es decir, sacarlas del mercado al fijar sus precios y las condiciones contractuales esenciales fuera del mercado. El cambio estructural implica poner límites a los mercados autorregulados en sus funciones de asignación de recursos y creación de precios en los ámbitos del trabajo, la naturaleza y el dinero, subordinándolos democráticamente a la sociedad. Pero también comprende el conservar y promover otras formas de integración como la reciprocidad y la redistribución.

En definitiva, el Buen Vivir requiere elaborar e impulsar políticas democráticas que protejan a la sociedad humana y a la naturaleza de la tendencia autodestructiva del libre mercado.

Fuente: http://www.fuhem.es/ecosocial/articulos.aspx?v=10079&n=0

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