Por

El suicidio es la segunda causa de muerte en los adolescentes entre 15 y 19 años en Estados Unidos, solo después de los accidentes; a pesar de esa tasa, y al contrario de lo que sucede con la incidencia de depresión, de hecho ha estado disminuyendo desde la década de los noventa. Sin embargo, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades anunciaron en noviembre pasado que la tasa de suicidios en chicos de entre 10 y 14 años se ha elevado al punto de que el riesgo de morir por suicidio es tan alto como el de morir en un accidente de tráfico según los datos de 2014, los últimos disponibles.

Benjamin Shain, jefe del departamento de psicología del niño y el adolescente en el Sistema de Salud de la Universidad NorthShore, fue el principal autor del informe clínico de la Academia de Pediatría de los Estados Unidos emitido el verano pasado sobre suicidio e intento de suicidio en adolescentes. “Cuando se trata de tu hijo, de alguna manera las estadísticas no importan; lo que importa es tu hijo en particular”, dijo. “Pon atención a las señales de alarma”.

Muy a menudo, dijo, el impulso de los padres es dar consejos o incluso entrometerse y tratar de resolver el problema. “Lo que deben hacer sobre todo es escuchar; eso debe ser el 90 por ciento de la conversación”, afirmó. El otro 10 por ciento del tiempo, los padres no deben intentar ofrecer una solución, “sino ayudar al hijo a solucionar el problema”. Shain advierte en particular sobre el impacto de los medios electrónicos en los adolescentes.

“Ciertamente hay evidencia de que el acoso por internet puede relacionarse con un aumento de la depresión, en especial entre las chicas, y tal vez un incremento en suicidio”, dijo Shain. Esta es un área, explicó, en la que muchos padres se sienten perdidos respecto de cómo orientar a sus hijos; el impulso de los padres puede ser quitarles el teléfono, lo que puede empeorar las cosas para algunos adolescentes.

Las señales de depresión en adolescentes incluyen cambios de humor —como tristeza o irritabilidad persistentes—, y cambios en el nivel de desempeño, como reprobar materias en la escuela. También incluyen aislarse de amigos y familiares, y pérdida del interés en actividades que antes eran importantes, así como cambios en los patrones de alimentación y sueño, además de algunas señales más generales, como falta de energía, dificultad para concentrarse y dolores inexplicables.

Cualquier padre de un adolescente se enfrenta a la pregunta, por supuesto, de cuál es la diferencia entre los cambios de humor “normales” de la adolescencia, las conductas adolescentes y estas señales de alarma. Los padres deben preguntarse a sí mismos qué tan graves parecen los síntomas, y qué tan persistentes son. Cuando parece que un hijo en verdad ha cambiado, no se puede descartar simplemente como algo propio de la adolescencia.

Shain señaló que muchas de las señales de alarma son relativamente generales; puede haber muchas razones por las cuales los adolescentes podrían refugiarse en su habitación o llegar a casa con calificaciones significativamente peores.

“Podría ser depresión, podría ser consumo de drogas, o simplemente podría ser que la escuela les está resultando muy difícil”, dijo. “El primer paso es sentarse a tener una conversación con tu hijo para saber qué pasa. El siguiente paso sería hablar con sus maestros o llevar a tu hijo con un terapeuta o psiquiatra”.

Además, aunque este aumento en la prevalencia de la depresión no se explica por el consumo de drogas, es importante recordar que la drogadicción y la depresión siempre han ido juntas en los adolescentes; es más probable que quienes dicen estar deprimidos hayan consumido alcohol o drogas.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2017/02/17/mi-hijo-adolescente-esta-deprimido-o-solo-malhumorado/?smid=fb-espanol&smtyp=cur

 

Anuncios